Espectáculo

Andrea Politti: “El argentino es muy creativo, el problema es que es muy resistidor”

Andrea Politti está en un gran momento, con una carrera completa y versátil y en este tiempo más de actriz que de conductora disfruta de salir a escena con Tijeras salvajes, una obra en la que permite jugar y conectar con múltiples aspectos de su personalidad. Una dinámica que hace que cada función sea distinta, tanto arriba como abajo del escenario. Y en la que se da el gran placer de trabajar con su hijo Galo, algo que la llena de orgullo y que cada tanto debe contener para que no le ganen las lágrimas.

En su hijo también ve algunos rasgos de la estampa su papá, el actor Luis Politti, que sufrió el exilio y murió en España. Andrea va a contar cómo vivió aquellos años duros en su infancia y cómo alcanzó a revelarle sus deseos de ser actriz, aunque se quedó con las ganas de compartir el escenario.

Con Galo, siente que de alguna manera se cierra el círculo familiar, y ajusta las piezas para acercarse a este estado de plenitud y madurez. Plantada en el oficio y en la vida. Y para el que tuvo que trabajar más de la cuenta. “A las mujeres todo nos cuesta mucho todo y todo el tiempo tenemos que estar demostrando”, dice Andrea. Y estas palabras, en boca de una mujer con un recorrido probado en el oficio, cobran una importancia reveladora.

—¿Te costó más por ser mujer?

—A todas nos cuesta muchísimo y siento que no nos terminan de valorar, y eso se demuestra en muchos aspectos. En cualquier tipo de reunión, cuando tus compañeros varones emiten una opinión, enseguida es escuchada; la mujer emite la opinión y siempre queda la duda de si te escuchan. Es una sutileza porque ni siquiera es consciente, tiene que ver con una idiosincrasia, con una cultura, con una educación que todos tenemos, hasta las mujeres. Va a pasar mucho tiempo para que eso se vuelva diferente y que podamos tener el mismo lugar, la misma capacidad, el mismo cerebro, ni hablar de las oportunidades y los sueldos.

—Me parece muy importante que una mujer con tu trayectoria, con tu reconocimiento en la industria diga que a vos también te cuesta más por ser mujer.

—Sí, y yo no me puedo quejar, porque tengo una carrera preciosa, nunca soñé lo que logré, pero siento que le puse todo y más y siempre lo que traté es de no ser resentida, no ser una persona amargada, de no enojarme.

—¿Y cómo lo lograste?

—Pensando, evaluando mucho, y sobre todo sintiendo que, si de golpe quiero ir para un lado y se me cierran las puertas, hay otras direcciones. Ser creativa, y sobre todas las cosas ser feliz con lo sencillo. No hay que buscar la gran cosa o el estrellato… en realidad uno busca ser, y creo que la sociedad te tiene que dar ese lugar.

—Hoy se te ve en un momento muy de la actriz

—Me siento actriz desde que nací. Después fue hermoso descubrir a la conductora, y abrir esta puerta para jugar desde otro lugar me dio la posibilidad de ser más espontánea como actriz, porque me sacó cierta dureza, esto de la cuarta pared de la tele. Hablarle a la gente, mirarla a la cara siento que me dio más frescura.

—Me encanta lo que hacen en Tijeras salvajes, la interacción con el público en donde se abre la posibilidad de distintos finales, a mí me llevó para atrás a cuando leíamos Elige tu propia aventura

—Yo no puedo venderla como una obra teatral, la vendo como una experiencia. Hay un crimen que tiene que ser resuelto por el público, y se hace una especie de juicio donde el público va a votar quién es el asesino de acuerdo a lo que vio en escena. Y todos somos sospechosos. Hay funciones que no quiero ser elegida por el público, entonces trato de ser lo más dulce, lo más buena; y en otra tengo ganas de hacer la confesión final, entonces me pongo como más oscura, te permite ir hasta manejar esos colores. Y el público es parte del espectáculo.

—¿Cómo es trabajar con tu hijo?

—Desde lo profesional es algo maravilloso. Yo no es que quería especialmente que fuera actor, quería que eligiera lo que le guste. Pero un día de la nada se apareció en casa caracterizado como un mozo italiano y vi algo. Empezó a estudiar como un juego y le encantó. Siento orgullo, placer y también es un sueño hecho realidad, porque yo quería laburar con mi viejo, no lo pude hacer, y entonces hay algo de la familia de artistas que se cierra.

—¿Y cómo mamá?

—Es el amor más fuerte que he experimentado hasta ahora, y de repente estoy actuando, cada uno en su personaje, y de golpe lo miro y digo “está Galo”. Es una felicidad y a veces también me emociono, y trato de disimular para que nadie se dé cuenta.

—¿Te trajo dolores de cabeza en su adolescencia?

—No. Yo entiendo que cada etapa de su vida ha sido interesante desde muchos aspectos, porque un poco te resignifica la tuya. Si los llevaste a la escuela, de golpe te encontrás cantando “Aurora”, volvés a hacer la tarea, a vivir la adolescencia…

—¿Y vos a tu mamá?

—Las hijas nos peleamos mucho con las madres. Mi mamá fue demasiado buena, laburaba todo el día, mantenía a la familia; y tenía otra madre que vivía conmigo, que era mi abuela Santina, que era la mamá de mi papá… o sea, su suegra. Vivían juntas y se llevaba mejor que con el hijo, porque mis viejos estaban separados.

—Tu papá ya estaba en el exilio

—Exacto, pero ya se habían divorciado antes. Me han criado dos mujeres muy fuertes. Me sigue muchísimo el público femenino, y me encanta, porque tengo esa empatía con la mujer. Puedo discutir, puedo pelear, pero todo nos cuesta tanto, entonces ahí bajo enseguida a la tierra. Nos tenemos que juntar, nos tenemos que unir y dejar la competencia.

—¿Qué queda de esa infancia, Andrea?

—Tengo partes muy borradas porque fue muy duro todo lo mío. Recuerdo la hora de la siesta en Mendoza, en Godoy Cruz, donde los chicos nos escapábamos a campo traviesa para jugar en los lugares peligrosos a los que no nos dejaban ir. Pasábamos horas y horas, volvíamos llenos de barro, de tierra, de cansancio, de alegría, y yo sentía que era libre y feliz. Recuerdo a mis papás jóvenes, separados pero muy presentes. Me quedé con ganas de conocer más a mis abuelos…

—Qué loco cómo pudieron tu mamá y su suegra criarte juntas.

—Mucha gente de esa época me dijo que era muy común. Se querían muchísimo, de hecho, cuando fallece mi abuela, mi mamá sintió que se le moría la amiga, la compañera, fue muy fuerte para ella.

—¿Cómo viviste cuando tu papá se tuvo que exiliar?

—Son cosas muy difíciles de entender y de digerir sobre todo situaciones de esa magnitud como fue atravesar esa época de Golpe Militar. Es un tema que no lo puedo hablar livianamente, sigue teniendo una carga emocional fuerte a pesar de haber hecho terapia. Fue una situación que nos hizo vivir un antes y un después a toda la Argentina, pero los que tuvimos familiares que hemos sufrido, que hemos sido víctimas, es mucho más difícil de transitar.

—Es terrible

—Es terrible. Yo tenía 12 años recuerdo que lo estaba esperando con un regalito por el día del padre, una tacita, y de golpe vino alguien a decirnos “no, no va a venir porque hay una situación”, nos sacaron a los chicos, hablaron los adultos… Nunca entendimos bien qué pasó, sí se sentía que había algo muy difícil, que era muy duro. Después tuve la suerte de ir a España a visitarlo, y eso fue lo mejor que me pasó.

—Fue sanador de alguna manera.

—Él le puso mucha alegría, entonces nos divertíamos, paseábamos, él empezaba a tener trabajo y yo iba con él a todos lados. Era un tipo muy fuerte, muy alegre, el talento no lo podemos ni mencionar porque ha sido uno de los grandes actores de la Argentina, y todavía hay gente que se acuerda de sus trabajos.

—¿Vos ya sabías que querías ser actriz en esa visita?

—A los 16 me cayó la ficha, se lo pude comentar y a él lo emocionó muchísimo, después vino su muerte justo en ese año y empecé a estudiar teatro a los 19 con Miguel Guerberof que era muy amigo de él. Y hoy siento que transitar el teatro es estar con él. Por eso también es muy fuerte estar con mi hijo. Por dentro mi corazón dio un vuelco porque en él lo vi a mi papá, es varón, es alto, tiene otra estructura física, pero hay algo, en la sangre, la genética.

—¿La actriz y la conductora conviven bien?

—Sí, aparte la gente siempre me dice que ser actriz me ayudó para poder ser conductora, pero siento que son dos idiomas diferentes. Y tampoco soy periodista, como me dicen muchas veces. Soy conductora, me gusta ponerle a los programas cierta cuestión íntima, tocar algo de lo social.

—¿Y cómo ves hoy la industria?

—Deseo que podamos entender que cambiaron los códigos y las formas de hacer las cosas. La televisión se tiene que adaptar a esto, porque yo como espectadora puedo ver el programa que quiero a la hora que quiero, entonces ya no se puede estar midiendo como antes.

—¿Estás con ganas de volver a conducir?

—Sí, siempre. Tengo ganas de hacer muchas cosas y siempre estoy generando cosas. He propuesto programas y cosas, pero cuesta, estaría faltando dinero para generar los proyectos, socios capitalistas.

—Bienvenida a la Argentina. Qué momento difícil ¿no?

—Difícil, pero yo soy una persona que confía. Vos sabés que el argentino es muy creativo, el problema es que es muy resistidor, como que resiste y resiste; yo creo que tenemos que empezar a pensar que podemos recibir y estar bien. Y si bien estamos en una crisis que es mundial, somos un país pobre y no nos podemos comparar con los que están en el primer mundo, que tienen una inflación que no tiene que ver con la de acá. Noto que la gente en determinadas épocas se va del país, y a mí no me sería tan fácil porque yo viví otra realidad. También está la fantasía de me voy a tal país y empiezo de cero… guarda con las fantasías, porque no es tan fácil, no todo el mundo se puede adaptar, hay gente que es muy arraigada, extraña y hay otra que no, que es como ciudadano del mundo.

—Lo que pasa que también en tu historia el irse del país tiene que ver con irse para sobrevivir, y tiene que ver también con que te falte tu papá.

—Mi papá primero fue a México y lo vi luchar mucho con su profesión ya teniendo 40 años, donde ya estaba acá muy posicionado y tuvo que empezar de cero. En sus cartas me ponía que eso le gustaba, porque se podía reinventar y ser creativo, mira qué tipo positivo que era. Y lo hizo hasta su muerte, 14 de julio de 1980, a los 47 años, muy joven.

—Si tenés que titular este momento de tu vida ¿cómo es?

—Qué difícil titular…

—O contamelo, no lo titules.

—Me encanta mi madurez, los años, la vida, las arrugas. Está buena esta etapa, y la vivo más suelta.

—¿Tiene que ver más con el disfrute?

—Tiene que ver con que a esta edad ya hay cosas que no te interesan. Cuando sos joven tenés mucha duda interna, porque las decisiones van a repercutir en el futuro, sobre todo las mujeres, que tenemos la presión de ser eternamente jóvenes y altas y perfectas. Está bueno llegar a una edad y dejar de comprar eso. Y todavía somos jóvenes, cuando lleguen los años de adulto mayor, si llegas con buena salud, debe ser mucho más interesante y me gustaría que se valore socialmente esa etapa de la vida.

—Estamos aprendiendo a no opinar sobre cuerpos ajenos, como cuesta

—Creo que estamos aprendiendo no sólo a no opinar sobre cuerpos ajenos sino también sobre la edad de las personas, pero lo bueno es que nos dimos cuenta que el cambio social nace de uno, de sembrar esa semillita en todos los ámbitos.

—Como sociedad estamos mejor, nos falta mucho, me preocupa en algunas ficciones, donde el hombre es galán para siempre y cuesta ver a mujeres grandes con un novio más joven. La mirada social es mucho más injusta con las mujeres

—Que la mujer sea condenada no está bueno por la diferencia de edad o que en las novelas, como vos decís, porque aparte si es una mujer mayor con un pibe, el tema es ese.

—Si vos aparecés con un novio de 20 el tema es tu novio de 20

—Claro, y lo loca que estás.

—O lo valiente que sos

—No, lo loca que estás, qué valiente. Yo conozco a actrices, no nombremos ahora porque las queremos un montón, que cuando salieron con pibes jóvenes las mataron.

—Y cuándo que un hombre salga con una de 20 …

—Es su derecho.

—Es como lo natural, está normalizado, no llama la atención, no se pregunta siquiera

—Es que la edad pasa por otro lado, hay una edad mental…

—Pero la edad es como mucho más injusta con las mujeres, la mirada social

—Por eso nosotras tenemos que trabajar nosotras desde adentro para no comprar, para dejar de hablar de ciertas cosas que nos siguen preocupando, que están encima, y vernos desde otro lugar, de admirarnos la belleza desde otro lugar, todos tenemos nuestra belleza, no importa el cuerpo, no importa la edad, tenemos nuestra belleza y alguien nos va a ver siempre que les va a gustar…

—Yo te veo en un gran momento, te veo contenta.

—Titulalo así. “El gran momento”.

—”El gran momento de Andrea Politti”. ¿Estás bien?

—Estoy muy bien, muy feliz.

—¿Hay algo que te esté faltando?

—Estoy tan en el presente, que me parece que está bueno. He sido una persona muy ansiosa, también por las historias que he vivido.

—Es una profesión con una inestabilidad que hay que saber manejarla.

—Sí, vas ahorrando, o generando un oficio, o simplemente vas viendo.

—¿Tenés un método armado?

—Es un poco lo que va sucediendo y yo siempre me sentí muy trabajadora, y no se me caen los anillos si tengo que salir a trabajar y hacer cosas. También me considero una persona humilde, y eso es importante para aplacar el ego y poder vivir la realidad.

Mirá la entrevista completa:

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