Espectáculo

Dana y Christopher Reeve: Superman no existe, pero el amor incondicional sí

"Si ella hubiera desviado la mirada o se hubiera detenido o dudado por poco que fuera, o si yo hubiera percibido que lo hacía por “nobleza” o para cumplir una obligación, no sé si yo hubiera salido adelante", afirmó el actor.

“Te recibo a ti, como esposo y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida”, con esta frase la mayoría de los novios expresan su consentimiento matrimonial en la boda religiosa. Palabras tan románticas como comprometedoras. Pero imaginemos por un segundo esta escena. Antes de que la novia las pronuncie, alguien le advierte que ese hombre que será su esposo sufrirá un accidente que lo dejará tetrapléjico y con respiración asistida, se sentirá tan desesperado que pedirá que acaben con su vida. Quizá más de uno ante semejante panorama diga “¿Me indica la puerta de salida?”. No fue el caso de Dana y Christopher Reeve. Ella no solo se quedó junto al hombre amado y elegido sino que se convirtió en aliada, fuerza y sostén. Apenas seis palabras, pronunciadas y no profanadas, lograron que ese hombre siguiera agarrado a la vida “Sigues siendo tú y te quiero”.

 Cuando Dana le dijo  “Tú sigues siendo tú. Y yo te quiero.” el actor supo que "ella estaría a mi lado para siempre". (Shutterstock)
Cuando Dana le dijo “Tú sigues siendo tú. Y yo te quiero.” el actor supo que "ella estaría a mi lado para siempre". (Shutterstock)

Dana Morosini nació en Nueva Jersey, en 1961. El chiste común es que en su casa todos andaban bien del corazón, su padre era un reconocido cardiólogo. A la hija no le interesó la medicina y se especializó en literatura inglesa. Viajó a Inglaterra donde logró estudiar en la Academia de Arte Dramático. Volvió a su país e instalada en California hizo un doctorado en Humanidades. El 30 de junio de 1987 cantaba en un local nocturno de Massachussetts

Christopher D’Olier Reeve nació en Nueva York en 1952. De adolescente, aunque se distinguía en todos los deportes en especial en natación y hockey supo que lo suyo era el arte. A los quince representó su primera obra en un festival de teatro. En 1974 lo seleccionaron para estudiar en Juilliard. El otro elegido se convertiría en su mejor amigo: Robin Williams.

Corría la década del 70 y Williams y Reeve compartieron habitación en uno de los edificios de la escuela Juilliard. Se hicieron amigos.
Corría la década del 70 y Williams y Reeve compartieron habitación en uno de los edificios de la escuela Juilliard. Se hicieron amigos.

Cuatro años después Reeve sería Superman. El 30 de junio de 1987 estaba divorciado, era padre de dos hijos y un actor reconocido. Fue entonces que mientras participaba del Festival de Teatro de Williamstown decidió ir a un local nocturno de Massachussetts.

Dana vio que entre el público que la escuchaba cantar, sentado en la mejor mesa estaba Reeve. Él quedó deslumbrado con la cantante y al terminar la función se presentó. La primera impresión no fue la mejor. Dana le dijo a una amiga que “podría ser un arrogante, engreído, una estrella de cine idiota” y que no quería saber nada con un tipo así.

Pese a que no quería saber nada, Christopher insistió y logró una segunda cita. Fue entonces que él le contó un poco de su trabajo en Las Bostonianas y alguna anécdota de cuando filmó Superman. La hizo reír a carcajadas al contarle del humor compartido con Robin Williams. Ella escuchaba pero empezó a prestarle atención al saber que viajó a Chile para apoyar a ochenta artistas amenazados por los escuadrones de la muerte del dictador Pinochet.

Como Superman se convirtió en una estrella mundial (Grosby Group)
Como Superman se convirtió en una estrella mundial (Grosby Group)

Sin alardes, le contó que colaboraba con las Olimpíadas Especiales dando charlas para concientizar sobre los problemas de las personas con discapacidad porque para algo debe servir ser famoso, además de conseguir la mejor mesa en el mejor restaurante. Le contó que solía visitar hospitales. Los chicos querían conocer a Superman y él no lo era pero lo era. Dana descubrió que no estaba delante de un hombre famoso sino de un hombre bueno. Y se enamoró, no era para menos. Es que ya sabemos que Superman no existe y que los hombres buenos escasean. Así que mejor no creer en el primero, pero sobre todo, no dejar que se vayan los segundos.

La muchacha de Nueva Jersey y el consagrado actor de Nueva York comenzaron un noviazgo. Cinco años más tarde, el 11 de abril de 1992 se casaron. Nada de “tirar la casa por la ventana”, alquilar el hotel más caro o vender las fotos. No, ellos eligieron la discreción. Una ceremonia íntima con apenas 45 invitados, al aire libre y en una granja de Massachussetts. Tampoco hubo luna de miel en un lugar inaccesible para fotógrafos o bolsillos que no saben de bitcoin. Confirmado su amor, respetaron sus profesiones. Ella siguió con la obra de teatro en Nueva York y él con la promoción de la comedia Noises off. Además aceptó ser parte de Lo que queda del día con Anthony Hopkins y Emma Thompson.

Christopher y Dana Reeve
En la boda intercambiaron unos sencillos añillos de oro

Para la pareja la vida no podía ser más bella. Tenían el combo perfecto. Se amaban, admiraban y respetaban. Además trabajaban en lo que les gustaba. Es cierto que Reeve sentía que no podía salir del encasillamiento de su personaje de Superman pero eso aunque era un problema no era un problemón.

En 1992 nació Will, el hijo de ambos que se sumó a Matthew y Alexandra, los hijos del primer matrimonio del actor. Adquirieron la casa de sus sueños, una vivienda del siglo XIX rodeada de tres hectáreas de campo. Fue en ese lugar paradisíaco que la vida decidió cantar el “no va más”.

A Dana le encantaban los caballos y era aficionada a la equitación. Christopher era un dotado para los deportes y pronto se convirtió en un experto jinete. Era maravilloso verlo cabalgar con su metro noventa y tres y esa elegancia innata.

El noviazgo comenzó poco tiempo después de que se conocieran, y cinco años más tarde se casaron,(Shutterstock)
El noviazgo comenzó poco tiempo después de que se conocieran, y cinco años más tarde se casaron,(Shutterstock)

El 27 de mayo de 1995 parecía otro buen día. Reeve participaría de un concurso de equitación de salto con obstáculos en Virginia. Era una tarde primaveral. El actor montó a Buck, apodo con el que bautizó a su caballo purasangre y que significa dólar. Se disponía a realizar un salto de triple barra cuando el animal se detuvo en seco. Reeve cayó de cabeza al otro lado de la barrera.

La caída provocó la fractura de las dos primeras vértebras cervicales. Como si fuera un chiste maldito del destino, si hubiera caído un centímetro más a la izquierda habría muerto en el acto, si lo hubiera hecho hacia la derecha, lo más probable es que hubiera salido de allí con un golpazo pero andando. Pero cayó como cayó. Quedó tetrapléjico y conectado a un respirador artificial. Los médicos intentaban decirle de la mejor manera lo peor: era imposible que pudiera recuperar el movimiento. Lo sometieron a una cirugía que le permitió asentir y mover la cabeza pero sin poder devolverle un mínimo movimiento del cuello para abajo.

 Williams se mantuvo constantemente a lado de Reeve. Incluso se comprometió a hacerse cargo de todos los gastos médicos que no fueran cubiertos económicamente por su seguro médico  163
Williams se mantuvo constantemente a lado de Reeve. Incluso se comprometió a hacerse cargo de todos los gastos médicos que no fueran cubiertos económicamente por su seguro médico 163

Reeve no pudo evitar decirle a Dana que la mejor opción era una muerte digna y concluyó con un tajante: “Dejame. Podés conseguir a alguien mejor, a un hombre de verdad”. Imagine el lector lo qué habrá pasado por la cabeza de ella en ese momento. Ver que el hombre que amaba, de un día para otro debía vivir rodeado permanentemente de enfermeros y ayudantes que vigilaran sus signos vitales, lo ayudaban con ejercicios para que no se atrofiaran sus músculos y lo trasladaban en sillas de ruedas mientras respiraba a través de un tubo y recogía su orina en un frasco oculto en su pierna. Y para peor, ese cuerpo inerte encerraba un cerebro más sano que nunca. Sí quizá la mejor opción para él sería una muerte digna. Decidió acompañarlo sin juzgarlo, escucharlo sin sermonearlo, en suma seguir amándolo. Su respuesta fue: “Te diré una cosa, te apoyaré en todo lo que quieras hacer, porque es tu vida y tu decisión. Pero quiero que sepas que estaré contigo para siempre, toda la vida, hasta el final. Sigues siendo tú y te amo”. Y él eligió entonces el respirador antes que la muerte o la eligió a ella que lo volvía a elegir a él.

Christopher y Dana Reeve
Al plantearle a Dana la posibilidad de una muerte digna ella respondió: "Todavía te amo. Esperemos dos años y si todavía te sientes así lo reconsideramos”

Dicen que “lo que no te mata te fortalece”. No sabemos si es cierto o simplemente una frase con más de consuelo que realidad. Lo que sí es cierto es que los Reeve no solo se fortalecieron como pareja sino que decidieron que aunque su pequeño mundo se había transformado en un desastre podían hacer algo para que el gran mundo fuera mejor.

Decidieron que “la palabra ‘imposible’ no debería formar parte del vocabulario de la comunidad científica”. Comenzaron a trabajar para mejorar la calidad de vida de las personas con parálisis. En 1999 crearon The Christopher Reeve Foundation una fundación que logró recaudar más de 130 millones de dólares destinados a la investigación de diferentes tratamientos y mejorar la calidad de vida de por los menos cien mil personas. Juntos recorrieron el mundo para entrevistarse con científicos, representantes públicos, empresarios y filántropos. Se convirtieron en la voz, y en la esperanza, de miles de seres anónimos que vivían con parálisis.

Rodeado por Glenn Close, Dana Reeve, Helen Hunt, Susan Sarandon en una gala de su fundación. Cuando sufrió el accidente la fisioterapia no se implantaba en casos de parálisis. Con el tratamiento logró mover uno de sus dedos y recuperar algo de sensibilidad (Shutterstock)
Rodeado por Glenn Close, Dana Reeve, Helen Hunt, Susan Sarandon en una gala de su fundación. Cuando sufrió el accidente la fisioterapia no se implantaba en casos de parálisis. Con el tratamiento logró mover uno de sus dedos y recuperar algo de sensibilidad (Shutterstock)

Si a Dana le preguntaban cómo hacía para no rendirse su respuesta era sencilla de decir aunque compleja de imitar: “Hay que celebrar los regalos porque la vida es muy difícil y creo que una vez que te das cuenta de que la vida va a ser difícil, las cosas buenas realmente salen a la luz”. Afirmaba que se habían “acostumbrado a vivir la vida con alegría en medio del dolor y los desafíos”.

En 1996, el actor apareció en la entrega de los premios Oscar. En el reino del glamour y la perfección, él se animó a mostrarse humano y vulnerable. Empezó su discurso con un chiste de humor negro “Lo que quizás no saben es que salí de Nueva York en septiembre y acabo de llegar a Los Ángeles esta misma mañana” para luego enfatizar el poder del cine para cambiar injusticias. Su aparición hizo que Meryl Streep y Gwyneth Paltrow saltaran de sus butacas para ovacionarlo.

Su primera aparición pública luego del accidente fue en la entrega de los Oscar de 1996 (Grosby Group)
Su primera aparición pública luego del accidente fue en la entrega de los Oscar de 1996 (Grosby Group)

Pese a su condición logró actuar en una serie y dirigir otras tres. En 2002 y luego de infinitas horas de fisioterapia consiguió movilizar sus dedos, algo que se consideró un verdadero milagro. Pero lo más importante es que recuperó cierta sensibilidad al tacto lo que le permitió sentir lo que más anhelaba: las caricias de sus hijos y de su compañera incondicional.

Los médicos se asombraban con esos pequeños gigantes progresos. “Muchos de nuestros sueños al principio parecen imposibles, luego parecen improbables, pero, cuando invocamos la voluntad, se vuelven inevitables”, les aseguraba el actor con palabras y se lo refrendaba con hechos.

También compartía sus secretos para no rendirse: “En medio de una tragedia como esta, en medio de una depresión, todavía puedes experimentar alegría, risa y amor genuinos. Y cualquiera que diga que la vida no vale la pena vivir está totalmente equivocado”. Y ya sabemos que ese amor genuino tenía nombre de mujer: Dana.

Christopher y Dana Reeve
Al saber de su enfermedad Dana hizo los arreglos para que su hijo Will, contara con el apoyo de sus hijastros Matthew Reeve Exton y Alexandra.

El 11 de octubre de 2004 y luego de sufrir un ataque cardíaco, Reeve falleció. Dana siguió con la fundación. Pero la adversidad lejos de decir “con los Reeve ya fue mucho” volvió a atacar. El 9 de agosto de 2005 le diagnosticaron cáncer de pulmón. Aunque ella jamás había fumado sí lo hacían las personas que la veían en los locales que actuaba. Siguió trabajando. Si le se le preguntaban cómo mantenía el ánimo contestaba que “tenía una gran modelo” porque estuvo casada “con un hombre que nunca se rindió”.

La lucha contra la enfermedad fue muy desigual. Murió el 6 de marzo de 2006. Tenía solo 44 años y la certeza de haber vivido y no solo pasado por la vida. Hace poco trascendió la carta que su hijo se autoescribió cuando murió su madre: “Te tengo dos noticias: la mala es que estás en el punto más bajo de tu vida. Acabas de decirle adiós a tu mamá. Se fue, al igual que tu papá. Pero aquí va la buena noticia: este es el punto más bajo en el que puedes estar. No hay otro lugar para ir que hacia arriba y ahí es donde te encaminas”. Es que ya sabemos que Superman no existe, pero en cuanto a las historias de amor que las hay, las hay. Doy fe.

Christopher y Dana Reeve
Dana acompañaba la rutina de recuperación en su casa, que incluía estimulaciones en músculos y electrodos en sus extremidades.

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