Espectáculo

Diego Torres: “No me gusta la mala política, la que te miente diciendo que te ayuda pero en realidad te está empobreciendo”

“La gente es la que le da el rumbo a todo esto, así que seguramente vendrán más funciones para disfrutar de esos encuentros”. Con el calor del público resonando en su cuerpo, Diego Torres muestra su gratitud y entusiasma a sus fanáticos después de tres funciones totalmente agotadas en el Gran Rex, que reflejan un amor incondicional y un momento floreciente de la industria cultural: “Entre los artistas y el público hay una necesidad mutua de encontrarnos”, agrega el cantante en diálogo con Teleshow.

Este año se cumplen 30 de su primer disco y es casi inevitable la mirada hacia atrás de cada cifra redonda. Diego visitará esos comienzos a pura energía, los momentos felices y también los tristes, esa prueba de fuego para cualquier artista que debe salir a escena a pesar de todo. Un poco lo que le pasó en este último tiempo, desde su separación de Débora Bello después de 17 años de relación, en los que tuvieron a Nina, que está cerca de cumplir los 10. Y entre tantas cosas, la pandemia rediseñó ese vínculo con su hija, en el que pudo llevarla y traerla del colegio, comer juntos, reír, llorar, tener un poco de esa cotidianeidad que su trabajo le impide.

Pero si la vida todo el tiempo quita y da, la maquinaria se puso en marcha. La agenda marca conciertos por Latinoamérica y Diego no oculta su entusiasmo por el debut en Lollapalooza Argentina pautado para marzo.

Con su sensibilidad de artista, no descuida el momento del país, que le duele tanto y que tanto ayuda a transitar con la energía que transmiten sus canciones. Que son la banda de sonido para acompañar momentos de felicidad y plenitud, pero también para soportar los más dolorosos. “Mis canciones hablan mucho de la vida y se nota un espíritu de lucha porque yo soy así. Es de las cosas que más me gustan de mi oficio”, admite el cantante, con el aplomo de tres décadas de carrera.

—Hay algo que trasciende al artista, me parece. Sos un tipo querido, no generás contradicciones ni grietas. ¿Te das cuenta de eso?

—Es una alegría tener ese plus. Más allá de lo que haga como cantante, como músico, como actor, creo que la gente me siente como una persona cercana, normal. Y yo me preocupé siempre por conservar mi normalidad dentro de un trabajo que a veces tiene cosas que no son normales. Es un poco un legado y una educación familiar que fueron muy del abrazo, del afecto y del respeto hacia el otro: al mozo que te trae una bebida, al público que te viene a ver. Eso hace que la gente acompañe a lo largo de todos estos años, y se va transmitiendo de generación en generación.

—Bueno, la estás ayudando a Ángela en la producción.

—Estoy colaborando. Ángela es una gladiadora y también aprendo mucho de ella. Y sí, está en un proceso creativo e hicimos un par de canciones juntos que espero que en algún momento salgan. También ahora estuvo escribiendo con Benja, que es otro sobrino mío que también es músico. Esas cosas me dan mucha alegría. Mi sobrino Pedro es guitarrista, toca conmigo en la banda. Juan estudia abogacía, pero es un pianista tremendo. Mi hermana Mariana es una actriz increíble. Mi hermana Angélica fue bailarina, profesora de yoga. Mi hermano médico canta tangos. Mi hermano Marcelo también es actor.

—Está en los genes, no hay forma.

—Los gérmenes, como dice un amigo (risas).

—Recién dijiste que aprendés mucho de Ángela. ¿Y qué aprendés de Nina?

—Aprendo a ser padre. Aprendo a cómo tenés que acompañar, guiar, educar, dejar, saber cuándo hablar, cuándo no. Reír, abrazar, llorar. Qué sé yo, son todos los estadios. Y también los hijos te van educando, porque los tiempos cambiaron. Y tengo unas charlas muy diferentes a las que yo tenía con mis padres. A mí no me gusta retarla, entonces trato de explicarle los por qué de cada situación.

—¿Cómo te llevas con las redes y la tecnología en relación a Nina?

—Trato de luchar contra las horas de la tecnología, que sean muy espaciadas. Tiene mucha actividad, por suerte la madre también piensa lo mismo y ella hace básquet, tenis, danza y música, además del colegio.

—¿Nina está haciendo base en Estados Unidos o acá?

—Empezó el colegio acá, ahora está allá y así es la vida. Yo siempre tuve mi base en Buenos Aires y después fui armando lugares: Miami, España… Fui viajando y abriéndome caminos, y voy donde me lleve el trabajo.

—Pienso que tal vez ese ejercicio de estar en diferentes lugares facilitó un poco las distancias con tu hija en una separación. ¿Fue así?

—En ese sentido, estoy pasando un momento difícil. Porque la pandemia me hizo estar en mi casa cotidianamente y mi hija se acostumbró a que la lleve al colegio, a estar permanentemente en sus actividades. Y eso se combinó con el fin de la pandemia, con mi separación, los viajes. Entonces tanto ella, como la madre, como yo, cada uno está haciendo su proceso. Es duro: por un lado es hermoso volver a viajar pero por el otro lado quiero volver a estar con ella. Ahora me la llevé a un festival en Suiza porque quiero que viva mi trabajo, que se dé cuenta que el padre no solamente es un tipo que canta arriba de un escenario, sino detrás de eso hay un montón de cosas: ensayar, producir, tomarse aviones, levantarse temprano, cargar cosas, hacer entrevistas.

—¿Se banca que seas tan querido o se pone un poco celosa?

—Es muy respetuosa del cariño de la gente y lo disfruta. Y fue haciendo todo su proceso de por qué la gente me conocía, y yo la fui ayudando explicándole de una manera muy natural que es el trabajo de su papá.

—Recién decías se aprende de lo lindo y de lo malo también. ¿Qué te quedó de la pandemia?

—Me hizo encontrarme, porque a veces uno se escapa de uno mismo. Fue como un cimbronazo para darnos cuenta con qué veníamos distraídos y qué teníamos ahí al alcance de la mano, que era muy importante y no le dábamos el verdadero valor que tenía. Vidas que se perdieron, familiares, seres queridos… Ojalá que de todo esto algo aprendamos y no salgamos como esos caballos desbocados que estuvieron encerrados.

—¿Choluleaste a alguien alguna vez?

—La única fascinación fue cuando tuve la posibilidad de conocer a Sting, porque amo a The Police y sus canciones están ligadas a mi adolescencia. Me lo encontré en Portugal, pero no me dio para pedirle una foto.

—¿Te hiciste pasar por otra persona alguna vez?

—Sí. No lo puedo contar porque sino, me desnudo. Pero sí, he hablado otros idiomas (risas).

—¿Te hiciste pasar por otro famoso o te hiciste pasar por un desconocido?

—No, un extranjero. Pero no puedo develar mi secreto porque me funciona muy bien. Es un sistema operativo.

—¿Te descubrieron alguna vez?

—No. Soy buen actor para esas cosas.

—Tomás Fonzi nos contó en una nota que durante mucho tiempo el ferretero del barrio estaba convencido de que él era Diego Torres, le preguntaba por los shows, le pedía saludos, y Tomás se lo seguía para no romperle la ilusión.

—Y sí, hizo bien. A mí me pasó algo parecido cuando estaba empezando con los pelos largos, me agarra un señor grande en un estacionamiento, me mira y me dice: “Pero vos sos el que juega”. Y le dije “Claro, yo juego en Argentinos Juniors”. Y se generó una conversación alrededor de eso y él también me empezó a sanatear (risas). “Te vi el otro día que hiciste un golazo…”. Fue hermoso.

Tratar de estar mejor

“Todo lo que nos pasa a los argentinos nos golpea duro”, reflexiona Diego con su habitual sensibilidad y la experiencia de los años vividos, y analiza la actualidad del país, en el que ve pasar la película que se repite en patrones como la hiperinflación, la moneda que pierde valor y la fragilidad económica: “Todo eso nos quita estructura y solidez para que nuestro país crezca y proyecte. Y eso nos pasa en todos los órdenes. No soy un marciano, tengo que diagramar mi trabajo con mi equipo. No es que yo canto y nada más”, advierte en una mezcla de rabia y dolor.

—¿Ves salida a este momento tan difícil del país?

—Falta sentarse a una mesa a dialogar, por más que sean de diferentes partidos políticos. Hay peleas internas en los mismos partidos, después, no sé si es que nos muestran que se odian y se juntan a comer un asado y tienen muchas cosas en común. Me parece que la política necesita un reciclaje enorme en nuestro país y ganas de verdad de los políticos de querer hacer un sistema más justo, más equilibrado. Y eso que escuchamos, que comparto, de poder darle posibilidades a la gente que menos tiene, también hay que darle mejor calidad de vida, posibilidades de educación, de estudio, ayudarlos en lo que se puede. Pero también fomentar el trabajo, la chica, la mediana empresa, impuestos justos.

—Sos un tipo que siempre estuvo muy conectado con lo social y con la gente, hay realmente un sector muy importante de la sociedad la está pasando muy mal.

—Sí. Me gusta la buena política, intercambiar ideas, pero no me gusta la mala política, la sucia, la que te miente diciendo que te ayuda, pero en realidad te está empobreciendo. No te está dando independencia de trabajo, de pensamiento, de educación, sino que te está sumergiendo en un lugar. En nuestro país se viene nivelando todo para abajo cuando supuestamente lo que estamos buscando es darle mejores posibilidades a la gente. ¿Quieren que seamos seres independientes que trabajamos, que podemos pensar, elegir a quién votar y ser realmente independientes? ¿O nos quieren tener con la soga al cuello? Esa es la verdad y la hipocresía que a veces uno siente.

—Y mientras tanto cada vez estamos más enojados entre todos, y con los niveles de tolerancia cada vez más bajos.

—Divide y reinarás. Y entonces la grieta o pelearnos, o mantenernos separados es beneficioso para el poder, para tenernos distraídos en esa disputa. No hay que entrar en eso, hay que respetar al otro en su pensamiento y en su diferencia. Hay que tener mucho cuidado con los medios de comunicación para saber quién te está informando, cómo te lo está diciendo y sacar tus propias conclusiones. Independencia no es ser gris y ser tibio y no comprometido. Independencia es tener una perspectiva, saber dónde poner el freno, dónde acelerar, dónde tenés que tener cuidado porque viene una curva. Si no, nos convertimos en fundamentalistas de ideas pensando que abrazar lo que nosotros creemos es lo único que vale. También en las redes se ha puesto todo más amarillo y hay más espacio de opinología. La gente piensa que se siente fuerte porque tiene un nickname o lo que sea para castigarte.

—El bullying en las redes sociales es una cosa muy terrible.

—Sí, realmente me da mucha pena que la gente pierda el tiempo así, que se intoxique la vida. Yo no me vería nunca en ese plan escribiéndole a alguien, realmente prefiero irme a tomar unos mates o comer un asado con amigos. También los jóvenes tienen que tener cuidado con lo que muestran. No hay que abrir el juego de todo en la vida. Hay cosas que son de uno, de tu entorno privado.

—¿Cómo te sentís en este momento de tu vida leyendo cosas que hablan de tu vida privada? Si estás en pareja, si no lo estás, cómo llevas la soltería…

—Uno es una persona pública y se acostumbra a ese tipo de cosas. Pero tampoco es que estoy en el ojo de la tormenta. Siempre fui de buscar un perfil tranquilo y mi exposición pasa por mi trabajo.

—¿Cómo estás hoy?

—Bien, sobrellevando todo un proceso que necesita de un tiempo. Y como todo en la vida, el tiempo te va acomodando, te va dando señales.

—Y cada uno tiene sus tiempos. Porque uno muy rápidamente te quiere encontrar una novia o te quiere ver saliendo con alguien.

—Sí, claro. Y también el trabajo me tiene viajando de acá para allá, entonces estoy buscando el tiempo para poder compartir, en mi caso, con mi hija.

—¿Estás bien con vos hoy o estás acomodando?

—Ese es el objetivo. A veces uno, cuando se encuentra, le da temor encontrarse solo, y por eso un poco lo que nos pasó con la pandemia. Veníamos distraídos y recibimos un hachazo que nos costó acomodar.

—Es un laburazo hacerse cargo de eso que uno quiere.

—Sí. Y está bueno cuando te encontrás con vos mismo. Te vas a encontrar mal, te vas a encontrar bien, te vas a encontrar buscando ese equilibrio.

—¿Te estás llevando bien con el que sos?

—Sí, me estoy reencontrando de alguna manera con un montón de cosas mías. Además, los años te van dando otra visión sobre las cosas y otros caminos a elegir, porque ya sabés los caminos que tomaste y a veces elegís ir por otro lado.

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