Economía

El agotador péndulo de las decisiones económicas

Han vuelto las intrigas palaciegas en lo más alto del poder, las competencias por el protagonismo en el oficialismo (Reuters) (AGUSTIN MARCARIAN/)

La historia puede manifestarse como hecho cíclico y así llegó una repetición incesante de fenómenos ya acontecidos en la vida económico-política de la Argentina. Hemos retornado al atraso cambiario, al descalabro fiscal, a la insuficiencia de reservas y a una inflación anual que se acerca peligrosamente al umbral de los tres dígitos.

También han vuelto las intrigas palaciegas en lo más alto del poder, las competencias por el protagonismo en el oficialismo y en la oposición, una justicia paralizada, una dirigencia empresarial enmudecida, un sindicalismo con demandas exorbitantes de ajuste salarial y organizaciones sociales que toman las calles impúdicamente. La repetición histórica, primero como tragedia y luego como farsa, ya queda chica para caracterizar lo que acontece en este país. Habría que inventar un término nuevo. Algo dramático, pero no por eso menos cierto.

Toda esta repetición ocurre en un mundo en crisis a todo nivel: económico-financiero, político, militar-diplomático, de salubridad, social y ambiental. Como si esto fuera poco, se enfrenta a un punto de inflexión en la liquidez mundial, con un Banco Central Europeo que recientemente subió su tasa por primera vez desde 2011 y la Reserva Federal haciendo lo propio de un modo enérgico que revela cuán dispuestos están a tratar de doblegar la inflación lo más pronto posible. En el caso de EEUU sobre todo, se habla de una agresividad similar a la de 1994, lo que debería poner en alerta a los mercados emergentes.

Hemos retornado al atraso cambiario, al descalabro fiscal, a la insuficiencia de reservas y a una inflación anual que se acerca peligrosamente al umbral de los tres dígitos

No obstante eso, en la coyuntura aparecen características novedosas: a) la suba de tasas puede ser agresiva, pero parte de un piso mínimo (0,25% vs 3% en 1994); b) el precio de las materias primas que debiera haber reaccionado a la suba de interés, también se ve impactado por cuestiones de oferta (conflicto Rusia-Ucrania y bajas de inventario a nivel global) y/o por ser considerados resguardos de valor (por lo cual tanto los soft como los hard comodities están en niveles elevados desde el punto de vista histórico), abriendo una ventana de oportunidad para países exportadores de esos insumos y c) dos países estrella en cuanto a estabilidad y previsibilidad en la región, como fueron Chile y Colombia, han iniciado un contundente e histórico giro con sus nuevos mandatarios, enmarcados en una elevada alta incertidumbre sobre como llevaran su agenda a cabo, al que probablemente se sume Brasil en un par de meses con Lula retornando al poder.

El precio de las materias primas que debiera haber reaccionado a la suba de interés, también se ve impactado por cuestiones de oferta -invasión de Rusia a Ucrania y bajas de inventario a nivel global- (AFP)
El precio de las materias primas que debiera haber reaccionado a la suba de interés, también se ve impactado por cuestiones de oferta -invasión de Rusia a Ucrania y bajas de inventario a nivel global- (AFP) (CARLOS REYES/)

En efecto, los países latinoamericanos, históricamente muy sensibles a las subas de tasas de interés en los países centrales, agobiados por los costos de la pandemia y la impaciencia social, tienen un enorme desafío por delante. Ante este contexto global, la región atraviesa las dificultades usuales: inflación elevada, déficits gemelos, salida de capitales y presión cambiaria, descontento social y mayor pobreza.

Complicaciones similares, respuestas heterogéneas y un arsenal de herramientas finito. ¿Qué ocurrió en la mayoría de los países latinoamericanos? Existen algunos elementos comunes a destacar: 1) Inflación fuera del objetivo, 2) presión cambiaria, y 3) reformas estructurales en puerta.

En primer lugar, la mayoría de los países posee una fuerte aversión por la inflación y han respondido agresivamente desde 2021 elevando las tasas; en el segundo caso varios Bancos Centrales han salido a intervenir fuertemente en el mercado cambiario (Chile en julio con USD 25.000 millones) para sostener un rango predecible de sus monedas y, por último, un combo de modificaciones tributarias (con mayor peso sobre personas humanas de ingresos medios/altos en Chile, Colombia, Bolivia y ¿Brasil?), previsionales (Chile y Uruguay), comerciales (Brasil con el arancel externo común y Uruguay con China).

A diferencia del resto de la región, en la Argentina no hay margen político ni económico para realizar reformas de relevancia

¿Y la Argentina? Como es usual, dio la nota. Estamos en una situación inédita con una soja bien por arriba de los USD 500 la tonelada y un petróleo que dependiendo la característica del barril se encuentra en un rango superior a USD 90 el barril. A diferencia del resto de la región, no hay margen político ni económico para realizar reformas de relevancia ya sean estas tributarias (la presión efectiva es brutal porque la base es muy chica, por lo cual hay un límite a incrementar tributación sobre personas humanas), previsionales (vamos para el lado contrario) o de comercio exterior (no se sabe muy bien la orientación estratégica y además ¡¡nos equivocamos de bandera protocolar!!). Tampoco hay en marcha cambios de fondo en las políticas económicas: todavía se debate el origen de la inflación en presencia de una emisión monumental y queremos salario universal para todes en simultáneo con recomposición de tarifas.

Estamos en una situación inédita con una soja bien por arriba de los USD 500 la tonelada (Reuters)
Estamos en una situación inédita con una soja bien por arriba de los USD 500 la tonelada (Reuters) (Paulo Whitaker/)

Este contraste con el resto de los países reside en la falta de credibilidad interna y externa que supimos conseguir, rifando instituciones de gobierno que requieren estabilidad y tecnocracia profesional al mejor postor dentro de cada coalición gobernante; cambiando funcionarios de forma intempestiva y desorganizada como si eso no tuviera efectos en los demás interlocutores y agentes económicos y, repetidamente, generando un péndulo agotador en las decisiones económicas.

La economía política de las reformas es ardua en cualquier país, pero en general, con el soporte político adecuado suele ser llevada a cabo por funcionarios experimentados que ostentan estabilidad en sus puestos. Esto es así aun en ejemplos recientes como Chile y Colombia, con históricos cambios de orientación política, pero con las instituciones estratégicas del país a cargo de funcionarios de probada carrera (Mario Marcel y Rosanna Costa en el primer caso y J.A. Ocampo y Alvaro Leyva Durán en el otro). Posibles, claro está, gracias a la existencia de políticas anticíclicas. No son inservibles, como muchos piensan acá. Cuando la necesidad de ajuste es imperiosa, tener margen para llevarlas a cabo es fundamental.

En el eterno retorno al que estamos sometidos, las oportunidades también reaparecen. ¿Podremos esta vez aprovecharlas?

Quizás esto suene intrascendente, pero poner en valor el conocimiento y la experiencia puede ser un puntapié inicial para retomar cierto atisbo reputacional, máxime si lo que asoma en el horizonte es un cambio de régimen que involucra no solo ideas (¡factibles por favor!) sino personas. No hay más margen para improvisaciones ni para inexpertos, pero tampoco hay más tiempo para ensayos. Aunque a esta altura suene obvio, es claro que se necesitan reformas urgentes, una dirigencia que acompañe (empresarial y sindical); legisladores conscientes de su rol protagónico y una justicia moderna, sobre todo en los fueros laboral y comercial.

Estamos llenos de recursos naturales que el mundo demanda en la actualidad y lo hará en el mediano plazo. No solo eso, tenemos nichos de disrupción tecnológica en servicios que pueden escalar regionalmente. Dejemos de ahogar al sector privado que es el que puede desarrollar ese potencial. Usemos al Estado para vigilar que se opere con transparencia y siguiendo los marcos regulatorios establecidos. Otorguemos incentivos para materializar inversiones en petróleo, gas, litio, oro, agro y biotecnología.

En el eterno retorno al que estamos sometidos, las oportunidades también reaparecen. ¿Podremos esta vez aprovecharlas? Ojalá que sí, es demasiado significativa como para perderla.

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