Especialistas desestimaron una sorpresa cambiaria antes de octubre

A pesar de la agobiante inclemencia climática, los que volvieron del fin de semana XXL mantuvieron algunos escuetos encuentros, la gran mayoría de índole virtual, y bien temprano, y solo unos pocos dejaron sus oficinas y bunkers refrigerados, sobre todo de zona norte, para ir al encuentro de clientes y asesores. Si bien la semana corta auguraba una menor presencia de gente del mercado, aprovechando los feriados de carnaval, la atención se mantuvo en el devenir del acuerdo con el FMI. Al respecto, tres interrogantes desvelan a los expertos: ¿cuánta plata, para qué y cuánto tiempo? Creen que es difícil que, pese a los dichos del Presidente Milei de que va a enviar al Congreso el acuerdo, presente la Carta de Intención con las metas y todo, sino que enviará algo general. Pero es clave saber qué pasa con el acuerdo para destrabar el financiamiento de los vencimientos de deuda. Por ello, en las reuniones entre gestores, inversores y consultores, consideran que acuerdo va a haber, porque hay predisposición y no demasiada animosidad de la burocracia del Fondo para con Argentina, más la colaboración de Scott Bessent (Secretario del Tesoro de EEUU) bajando línea en el Board, entonces, todo pasa por saber de cuánta plata será, por cuánto tiempo será el acuerdo, y para qué será la plata.
La pregunta del millón es si el Fondo dará más plata de la que quiere cobrar. Entonces, habrá que ver cómo reacciona el mercado al nuevo acuerdo, si es por un año o por dos o cuántos. Lo que todos tienen en claro, o más bien, esperan es que la plata que llegue del Fondo será para la vitrina, no para usar.
El régimen cambiario divide las aguas entre los analistas, donde algunos prevén que el acuerdo cambie la política cambiaria y de control de capitales del Gobierno y la otra mitad que no. Sin embargo, nadie espera una devaluación antes de fin de año, sino correcciones al statu quo de régimen cambiario, habrá que ver el timing.
En un desayuno muy tempranero, un conocido economista con llegada directa al Presidente comentó que, con respecto al cepo, hay convicción de eliminarlo, que en realidad es cada vez más sencillo porque se trata de una serie de restricciones que aún perduran, pero no se vislumbra un régimen a la Sturzenegger, el tema es que quieren tener un poco más de precaución. Lo importante es el tema de dividendos futuros, porque los pasados se irán cancelando en cuotas, como lo vienen haciendo. O sea, la demanda de divisas para este fin se negocia en cuotas. Pero respecto de los futuros, es decir, aquella multinacional que quiere invertir en el país, lo único que les pregunta a sus asesores locales es si podrán sacar los dividendos de esa inversión en el futuro. Este es el cuello de botella de las futuras inversiones.
En ese sentido, circuló el último informe de Janus Henderson cuyo índice global de dividendos alcanzó un récord de 1,75 billones de dólares en 2024. Es un tema que los gestores globales miran con más atención a la hora de decidir la relocalización de las carteras, de ahí su relevancia. Sin darle mayor importancia, por ahora, al escándalo crypto ($LIBRA), y al episodio con el diputado Manes la atención gira hacia afuera, donde, sobre todo las multinacionales y empresas locales de fuste siguen de cerca la demencial política arancelaria de Trump, que día a día y hora a hora, trae novedades.
En este contexto, la mirada se inclina hacia Europa, principalmente, por lo que acontece en Berlín donde el gobierno acaba de abandonar el viejo manual fiscal y ha iniciado una nueva era de inversiones agresivas, rompiendo los grilletes de la austeridad en favor de una revisión masiva de la defensa y las infraestructuras. En un “conference call” transoceánico un especialista francés explicó que no se trataba de un mero retoque político, sino de un cambio fundamental en la trayectoria económica de la mayor economía de Europa, donde el núcleo de esta transformación es una reforma histórica de las normas presupuestarias alemanas para permitir que los gastos de defensa superiores al 1% del PBI queden excluidos del rígido mecanismo de freno de la deuda del país.
Se trata de una respuesta directa a la creciente inestabilidad geopolítica y una clara apuesta por la preparación militar. Pero esto no es más que el principio porque el gobierno germano también está poniendo en marcha un fondo especial de 500.000 millones de euros, consagrado en la Constitución, para el gasto en infraestructuras, equivalente al 11,6% del PBI. Este fondo canalizará la inversión en transporte, redes energéticas y vivienda durante la próxima década, sentando las bases de un nuevo ciclo de expansión económica. Explicó además que las reformas a nivel estatal aliviarán las restricciones de la deuda, creando una mayor flexibilidad para la inversión regional, por eso las implicancias económicas son monumentales, tras años de crecimiento lento, Alemania parece estar a punto de recuperarse, con proyecciones a medio plazo que apuntan a un crecimiento de entre el 1,5% y el 2% a partir de 2027.
¿Por qué interesa tanto? Porque esto ya está repercutiendo en el mercado de renta fija, con la mayor suba del rendimiento del bono alemán a 10 años desde la caída del Muro de Berlín, lo cual para los inversores representa una ruptura decisiva con el statu quo y podría remodelar las estrategias de asignación de capital no solo en toda Europa. A esto se suman los 800.000 millones de euros adicionales que está pidiendo Mario Draghi para el rearme europeo.
La cuestión, entonces, no es si esto repercutirá en los mercados, sino con qué rapidez se adaptarán los inversores a este nuevo paradigma. Lo cierto es que, según la visión desde el Viejo Continente, la era de la infra-inversión en Europa ha terminado, y quienes se posicionen más temprano cosecharán los mayores beneficios. ¿El único inconveniente?: la deuda futura (Alemania podría sumar entre 800.000 y 1 billón de euros de deuda de aquí a 2035). Desde el otro lado del Atlántico, plantearon dudas si el bund a 10 años podría subir aún más señalando que la pregunta clave era si los inversores seguirán viendo la deuda alemana como un refugio seguro si incumple sus propios dogmas presupuestarios. Una cosa es cierta, Berlín se embarca en una trayectoria presupuestaria inédita desde la reunificación y los mercados van a tener que acostumbrarse. Para los mercados emergentes no es tan buena noticia porque ahora Alemania y Europa en su conjunto aspirarán más capitales internacionales restando flujo hacia las otras regiones.