Espectáculo

Gerardo Sofovich, las obras emblemáticas de un creador único

Gerardo Sofovich falleció a los 77 años

Gerardo Sofovich nació el 18 de marzo de 1937 en el seno de una familia judía y bohemia. Se crió entre Palermo y Barrio Norte, más cerca de la barriada que de la recoleta. Su entrada al mundo del espectáculo se dio a partir de una serie de casualidades. Su padre, Manuel, era periodista y autor teatral, integrante de la primera camada del Diario Crítica, pero él eligió el camino de la arquitectura. Estuvo a seis materias de recibirse, pero en 1960 don Manuel falleció y Gerardo tuvo que salir a ganarse el pan. “De papá heredé el talento, pero lo que más aprecio es haber heredado una línea de conducta”, contó sobre el hombre que lo marcó.

Los planos quedaron a un lado, y aparecieron los planes. Alternaba trabajos de redactor externo en Noticias Gráficas y changas en el universo de la publicidad hasta que apareció la televisión. Ese fenómeno que de tan nuevo parecía que estaba todo por hacerse y descubrirse. Solo se necesitaba talento. Y a Gerardo le sobraba.

SU DESEMBARCO EN TELEVISIÓN

Corría el año 1963 cuando debutó escribiendo con su hermano menor, Hugo, los guiones de Balamicina, programa que protagonizaba Carlos Balá. Era la década de los humoristas y los sketches, de Biondi y de Marrone, todos inspirados por La Revista Dislocada, como el propio Gerardo reconoció. Faltaba poco para comenzara su propia estela.

En 1963 se estrenó Operación Ja Ja, un programa que sirvió no solo de semillero de grandes talentos sino que de allí se desprendieron dos programas que, con diferentes estilos pero con la misma esencia, perduran hasta el día de hoy: Polémica en el bar y La peluquería de Don Mateo.

"Nosotros no fabricamos el humor, lo extraemos de la realidad, arrancamos las situaciones de lo cotidiano, copiamos los esquemas de la vida”, declaraba Gerardo por entonces, para diferenciarse de Telecataplum, el envío uruguayo que también hizo escuela. El elemento esencial para destacarse como innovador y no como mero fotógrafo era una cuota de ironía y corrosión, siempre en la medida justa. “Hacemos lo no figurativo, a partir de lo figurativo”, resumió. Esa percepción que situaciones que de tan sencillas parecen obvias, que todos miran pero que algunos elegidos saben ver. Como muestra va un programa que conocemos todos.

POLÉMICA EN EL BAR

Corría 1964 cuando en Operación Jaja apareció Fidel Pintos, Jorge Porcel, Juan Carlos Altavista, Carlos Carella y Rodolfo Crespi sentados por primera vez a la mesa del bar que regenteaba el “Gallego” personificado por Alberto Irízarm en un segmento llamado La mesa del café, El espíritu del programa sintetiza la capacidad del autor para captar ese deporte nacional de los argentinos que es la discusión en los bares. “Estaba planteada la discusión en el tango entre los piazzolistas, los darienzistas, los troilistas, etc.”, recordó el autor en una emblemática mesa de Polémica en los 90 con Jorge Porcel y Javier Portales. Cada uno de los actores asumía una bandera. Y con ella, dejaba en clara su idiosincrasia porteña. El canchero, el burgués, el intelectual de izquierda, el sabelotodo, tanto de la academia como de la calle.

Gerardo Sofovich en Polémica en el bar con: (arriba) Julio de Grazia, Rolo Puente, "El Preso" (Vicente La Russa), (abajo) Jorge Porcel y "Minguito" (Juan Carlos Altavista)
Gerardo Sofovich en Polémica en el bar con: (arriba) Julio de Grazia, Rolo Puente, "El Preso" (Vicente La Russa), (abajo) Jorge Porcel y "Minguito" (Juan Carlos Altavista)

El éxito fue tal que no solo permitió replicar esas discusiones a otros ámbitos -el fútbol, la política, el espectáculo- sino que también el programa cobró vida propia. Rebautizado como Polémica en el bar y con la cortina de Cafetín de Buenos Aires en la voz de Edmundo Rivero, se estrenó como tal en 1972 con Portales y Adolfo García Grau en los lugares de Carella y Crespi. Fue cambiando de todo menos de escenografía. Mientras hubiera una mesa y sillas suficientes, la realidad iba a dar tema de sobra.

A finales de los 80, el ciclo pegó un giro periodístico y Gerardo se sentó en su propia silla para enfrascarse en recordadas polémicas con Portales, Hugo Gambini, Luis Beldi y Rolo Puente, entre otros. El programa siempre supo leer lo que estaba pasando y fue virando hacia contenidos más políticos, más humorísticos o más futboleros según el caso. Una rápida y antojadiza lista de sus eventuales parroquianos – Mario Sapag, Jorge Rial, Horacio Pagani, Miguel del Sel, Pipo Cipolatti – habla por sí sola.

En sus últimas reencarnaciones, el formato invirtió su origen y presentó números humorísticos y musicales. Polémica en el bar era una marca registrada, y Gerardo lo sabía más que nadie y nadie lo iba a hacer cambiar. “Es como si Mercedes Benz cambiara la marca. Lo importante es sacar modelos nuevos, no cambiar las marcas”. La comparación no es antojadiza. La marca alemana era su gran debilidad. Hoy el programa sigue vivo con la producción de su hijo, Gustavo.

LA PELUQUERÍA DE DON MATEO

La génesis de otro de los clásicos que remiten a Sofovich está ligada al entrañable Fidel Pintos como el peluquero sabelotodo, y Javier Portales como el cliente que lo padecía. No había famoso que Pintos no conociera, y allí disparaba en anécdotas desopilantes e inconexas que quedaron en el lunfardo como la sanata. Pero la cartelera no terminaba ahí, porque se destacaban fundamentalmente Altavista como un lustrabotas y Porcel como un vendedor ambulante con “ofertas pulenta pulenta”. María Rosa Fugazot, Jorge Luz y Alberto Olmedo completaban el equipo.

Luego de la muerte de Pintos, el programa tuvo su primera remake en 1982. Esta vez, la brocha la manejaba Jorge Porcel en el rol del ucraniano don Mateo Popovich, nombre inspirado en el yugoslavo Mateo Bozicovich, quien por entonces trabajaba en la peluquería de Canal 7. El elenco sale casi de memoria para los que pasan los cincuenta: Rolo Puente el cliente que padecía las mil y una, Carmen Morales –esposa de Gerardo y madre de su único hijo, Gustavo- como Alelí y su risa eterna, Luisa Albinoni y su llamada telefónica, Noemí Alan como una periodista italiana, Adriana Brodsky anticipando su papel de bebota y Amalia González ganándose para siempre el apodo de Yuyito por su rol de jardinera.

Los 60 puntos de rating que marcó el programa en una época sin cable -ni YouTube, ni plataformas digitales- hablan por sí solos. “Es el tercer programa más visto de la televisión después de la final del Mundial 78 y del casamiento de Palito Ortega y Evangelina Salazar”, esgrime con orgullo su hijo Gustavo, quien continuó su legado que pudo verse hasta el año pasado en la pantalla de América.

Al revés del estilo dinámico y cotidiano de Polémica en el Bar, La Peluquería se caracterizaba por la repetición de líneas de texto y gags que nutría a los programas cómicos de la época. La Peluquería fue mutando durante los años, con el sello de su creador como hilo conductor. Luego llegó El hijo de Don Mateo, encarnado por Emilio Disi, y una década después llegó El nieto de Don Mateo, en la piel de Miguel Ángel Rodríguez. Toti Ciliberto, Pablo Granados y Pachu Peña, Carlos Sánchez y Jey Mammon fueron otros actores que se pusieron el delantal.

La peluquería de Don Mateo
La peluquería de Don Mateo

Repitiendo el ejercicio circular, durante 2019 se emitió como un fragmento de Polémica en el Bar que se emitía dos veces por semana. Coco Sily, Mariano Iúdica y Sol Pérez conformaron el elenco estable de un producto clásico de la televisión argentina, que como marca de fábrica, lucía orgulloso la medalla de sus 56 temporadas.

LA NOCHE DEL DOMINGO

Un poco late nigth show, otro poco programa de variedades y entretenimientos, fue el envío donde Gerardo Sofovich mostró su don de cazatalentos trasladado a la gente de a pie. Si se preguntara, sin repetir y sin soplar, por tres hitos del programa, seguramente las respuestas sean los concursos de pulseadas -y su implacable juez, Arévalo-, el corte de la manzana –con o sin mordida-, y el Jenga, el juego de bloques hoy infaltable en su versión gigante en cualquier evento cool al aire libre.

Gerardo Sofovich y Dady Brieva, jugando al Jenga en La noche del domingo
Gerardo Sofovich y Dady Brieva, jugando al Jenga en La noche del domingo

Quizás suene inverosímil que una audiencia mayor a los 40 puntos de rating permanezca cautiva mientras un participante mira una y otra vez una manzana, cavilando donde hacer el corte que permita acercarse lo más exactamente posible a la mitad. Sofovich confesó en una oportunidad que llegó a odiar el segmento “porque me siento repetirme cada año y no puedo sacármela de encima”.

Gerardo Sofovich y su clásico corte de la manzana
Gerardo Sofovich y su clásico corte de la manzana

En sus 25 temporadas al aire el programa guarda unos cuantos hitos. Algunos curiosos, como el haber sido emitidos en los cinco canales de aire. Otros marcaron tendencia. “Fui pionero del antizapping”, resumía Sofovich en alusión al “Dame dos, Caserta”, con el que cortaba el clima del programa sin necesidad de ir a un corte. También se adelantó a la era de la Publicidad No Tradicional en la tele, con un secreto que luego se encargó de develar. “Hay que ser creativo y no grosero. Pierdo mucho tiempo ideando de qué manera vender un producto dentro de un programa sin aburrir al espectador, y terminó transformando ese acto de venta en un sketch. Esa es una de mis pasiones”, contó Gerardo.

Fue sin dudas, el programa donde más se expuso ante al público, y donde dejó entrever una personalidad que muchos le criticaban, pero que sin embargo defendía a capa y espada. “El puteador histérico en realidad no existe. Soy un apasionado defensor de mi trabajo, y al hacerlo defiendo a cada uno de mis colaboradores, exigiéndoles estar a la altura de las circunstancias”, explicaba. Si estaba realmente enojado, apelaba a la ironía. O peor aún, al silencio.

La noche del domingo -eventualmente reconfigurada en La noche del sábado- dejó una galería de personajes de leyenda y algunos personajes de leyenda, como el maestro Mario Marzán o el ex árbitro Guillermo Nimo y sus perlas blancas y negras. Con el tiempo el programa fue incorporando nuevos desafíos con el balero, el bowling, o las preguntas y respuestas. Otra vez, cosas que están a la vuelta de la esquina. Cosas que todos miramos, pero solo el buen ojo de Sofovich hizo éxito.

TEATRO

Si una obra de teatro se asocia a Gerardo Sofovich esa es El champán las pone mimosas, y como ocurre con toda simplificación, hay tanto de certeza como de injusticia. La obra se estrenó en la temporada 1983 de Mar del Plata marcando un récord histórico en el Teatro Regina. Mucho más cerca en el tiempo, su remake de 2005, con la que contribuyó a convertir a Carlos Paz en una plaza competitiva y a Florencia de la V en una capocómica.

Claro que no fue la única obra firmada y producida por el autor, que llegó a tener hasta tres producciones en simultáneo en la calle Corrientes en los primeros años de este siglo. Con él la mítica avenida volvió a dormir un poco menos. Y por eso desde 2017, una estatua lo homenajea en la puerta del Lola Membrives.

Gustavo Sofovich junto a la estatua de su padre
Gustavo Sofovich junto a la estatua de su padre

CINE

Cuando desembarcó en la industria cinematográfica, Gerardo Sofovich ya era un autor reconocido en televisión y en teatro. ¿Cómo hizo para trasladar sus éxitos a la pantalla grande? Juntó por primera vez a dos capocómicos que iban a dominar los siguientes 15 años de la comedia picaresca y de enredos, con el doble sentido como línea argumentativa y acompañados por las mujeres más lindas del momento.

Sofovich, en sus primeros años en televisión
Sofovich, en sus primeros años en televisión

Su debut fue con Los caballeros de la cama redonda, protagonizada por Jorge Porcel y Alberto Olmedo, secundados por Moria Casán, Javier Portales, María Rosa Fugazot y un notable elenco derivado casi en su totalidad de Operación Ja-Ja. El éxito fue tal que repitió meses después en Los doctores las prefieren desnudas con el mismo dúo protagónico y un elenco similar.

Quizás haya sido el cine el lugar en el que Sofovich más sufrió los embates de la crítica especializada y del ambiente intelectual. El se defendía con argumentos irrebatibles, refrendando su olfato por lo popular. “El mejor termómetro de la popularidad es la opinión pública. En la calle no hay nadie que no me demuestre afecto”, contraatacaba. Quizás por eso su experiencia en cine fue corta en comparación a otras ramas de la industria artística y en 1987 dirigió sus últimas dos películas, Johnny Tolengo, el Majestuoso, donde demostró que podía también apuntar a los niños a partir del inolvidable personaje creado por Juan Carlos Calabró; y Me sobra un marido, el regreso a la picaresca forjada en el triángulo amoroso entre Susana Giménez, Rodolfo Ranni y el propio Calabró.

LOS ÚLTIMOS AÑOS EN LA TELEVISIÓN

Sus últimas grandes apariciones en la televisión fueron desde otro lugar. El creador innato, el autor de formatos vigentes medio siglo después, el cazador de talentos cosechó todo lo sembrado y quiso ser Gerardo Sofovich. Como jurado de Bailando por un sueño, sabiendo quién era se permitió reírse de su imagen de villano satirizado con la música de El Padrino en cada una de sus intervenciones.

Jorge Lafauci, Moria Casán, Graciela Alfano y Gerardo Sofovich, ex integrantes del jurado de "Bailando por un sueño" (Jorge Luengo)
Jorge Lafauci, Moria Casán, Graciela Alfano y Gerardo Sofovich, ex integrantes del jurado de "Bailando por un sueño" (Jorge Luengo)

En Los ocho escalones, el programa de preguntas y respuestas conducido por Guido Kaczca, mostró una faceta desconocida para el gran público. Porque ese hombre, hasta ahora solo conocido por sus productos televisivos dio muestra de su inmensa cultura general. Esa que mamó de pequeño, en esa casa llena de bohemia y lecturas infinitas, y que fue cimentando en cada uno de sus viajes y su tiempo libre. No había participante ni persona del otro lado de la pantalla que no se rindiera ante la sabiduría de Gerardo. Y se asombrara y sobre todo, lo admirara.

“Tuve el privilegio de hacer lo que me gustaba desde el comienzo de mi carrera”, reconoció en una entrevista. Algo que nunca imaginó, que se encontró cuando tuvo que ponerle el pecho a la vida. Para entonces dos hechos ya habían marcado su niñez y adolescencia. Ese tranvía que lo arrolló a los seis años y le dejó terribles secuelas pero lo llenó de valentía, y su adicción al cigarrillo, que se inició a los 13 y solo dejó meses antes de su muerte. En el año 1991 tuvo su primer infarto y fue sometido a doce angioplastías; sin embargo, la causa de su muerte fue una hemorragia digestiva. Falleció el 8 de marzo de 2015. Tenía 77 años, de los cuales había pasado más de 55 vinculado al mundo del espectáculo.

En tiempos en los que se ve menos televisión, en el que las plataformas de streaming amenazan incluso con destruirla, y la industria se reformula a cada paso, todas las noches, la voz de Cacho Castaña en la pantalla de América anticipa que va a haber polémica. Y una vez más, habrá miles de argentinos con la ñata contra la tele, o contra la tablet, como hace casi sesenta años. El haber sobrevivido a su tiempo quizás haya sido la última gran creación de Gerardo Sofovich.

Gerardo Sofovich
Gerardo Sofovich

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