Espectáculo

José María Listorti: “¿Por qué el humor es la única expresión artística que debe tener límites?”

“La primicia está fuera de moda”, advierte José María Listorti, quien refuerza su idea al afirmar que hoy, con las redes sociales, “ya no sirve”.

Tras varios años al frente de magazines de espectáculos y actualidad, el humorista vuelve a las bases y se mete de lleno en el entretenimiento. “Ya estaba cansado”, le confiesa a Teleshow respecto de su rol al frente de ese tipo de contenidos. “Desde el caso Darthés para acá, son todos temas heavies. No es que se habla del 1 que le puso Polino a Charlotte…”.

Feliz de zambullirse nuevamente en su pasión, divertir a la gente, Listorti se prepara para recorrer un estudio de 500 metros cuadrados devenido en supermercado. Super Super llega para meterse en las casas a puro entretenimiento. Desde hoy, la nueva propuesta de El Nueve traerá desafíos, premios y sana competencia, de lunes a viernes a las 16 horas y con una gala solidaria de famosos los sábados.

—Nuevo programa. Después de tantos años, ¿genera la misma adrenalina?

—Re ansioso, re nervioso… Hace 14 años que hago magazine, actualidad. Soy humorista, conductor. Extrañaba muchísimo hacer entretenimiento y salir un poco del espectáculo y de toda la polémica.

—No renegaste nunca de eso tampoco. No es que lo padecías.

—A veces sí porque no tengo ese gen del periodismo: quiero divertir. Entretengo, presento divertido, trato de hacer algo para que la gente la pase bien. Encima, entre los femicidios y el coronavirus, no podía desenvolverme como conductor divertido. Hubo me parece que (existe) una saturación de los programas de panel. Ahora está mermando, antes todos eran programas así. Detrás de un mostrador, sentados en individuales, en un sillón grande o colgados de arriba de un arnés, el formato es todo lo mismo. En Intratables también hablan de espectáculos, en los programas de espectáculos se habla de política. Todos en cadena hablando de lo mismo. Está bueno tener programas de entretenimiento que, a pesar de que haya muchos, sean distintos.

—Después de tantos años, ¿cómo la gente sigue cayendo en las cámaras ocultas?

—Hay una pequeña salvedad que no se ve por la edición. Me pasa con mi hijo: le hago una broma, se enoja y a los dos minutos estamos bien. Después, lo vuelvo a enojar. Si eso lo edito seguido, decís: “Che, ¿no se da cuenta?”. Nosotros arrancamos a las siete de la mañana grabando y terminamos a las cuatro, cinco de la tarde. En el medio, almorzamos con la víctima, pasan momentos en los que no pasa nada, pero lo ves todo junto y decís: “Es una tras otra…”. Pero en el medio nos divertimos, le tiré un chiste, comimos, hablamos de la familia. Y de repente, me salta la chaveta, me enojo con un productor. Es una actuación de 24 horas.

—¿La pasás bien o en algún momento sufrís?

—La paso muy bien. Me divierte mucho la incomodidad del otro (risas).

—¿Cómo viviste el cierre de Hay que ver?

—Me prometí no llorar. Las despedidas son falsas. No falsas, pero no terminan siendo una despedida. Lo dije al aire, de Denise (Dumas) me despedí como dos veces y volví a trabajar con ella. Con Majo Martino, también. Con Gaby (Fernández) nos hemos abrazado, llorando y volvimos a trabajar. Con Fernanda Iglesias. Con Caro Molinari hicimos Palermo Hollywood Hotel. Es tan chiquita la mesa que nos volvemos a encontrar. No hay despedida, es un “hasta luego”.

—Con Denise hay una amistad más allá del programa.

—Con Denise nos conocemos hace un montón. De hecho, fui el celestino con Campi para que se conocieran. La primera cena fue muy divertida. Ella se había separado de su marido, Campi estaba soltero, me dijeron uno al otro que se gustaban y les hice gancho. Salimos los cuatro la primera vez. Fuimos a comer a un lugar… El otro se quiso hacer el cool y eligió un lugar de comida marroquí que no le gustó a nadie. A Denise le gusta la hamburguesa. Claro, Denise Dumas, modelo; él venía del únder, dijo: “¿Cómo hago?”. Después la conoció y se dio cuenta de que es simple, que le gusta tomar mate, un choripan de parado. Y Campi es igual.

—¿A qué conductores admirás?

—Tengo que quedar bien pero aparte lo admiro: Marcelo Tinelli. Es un conductor fantástico. Me gustaba mucho el (Roberto) Pettinato de Duro de domar, sobre todo cuando no estaba la cuestión política. En la radio me gustaba mucho (Mario) Pergolini cuando hacía Cuál es?, un programón, el de la década del 90, que tuve la oportunidad de ser parte el primer año: la artística, lo que hablaban, la trilogía (Eduardo) De la Puente, (Marcelo) Gantman y él. Lalo Mir, ni hablar. La Negra Vernaci me parece una diosa, es genial. Logró un tipo de radio que solo ella puede hacer: solo a la Negra le queda bien putear, ser escatológica, frases políticamente incorrectas que dichas por otra persona generarían un escándalo, un repudio. La gente entendió que la Negra Vernaci está haciendo humor y que no piensa eso que está diciendo sino que se está riendo del que piensa de esa manera.

—¿Es un momento difícil para hacer humor?

—Complicadísimo. Tenemos que entender que el humor es ficción. No entiendo por qué no se entiende. Cuando hacés un chiste no estás afirmando que estás de acuerdo con lo que estás diciendo, si no tendríamos que poner en cana a los que escriben películas donde matan mujeres o violan. Aunque no estés de acuerdo, el chiste existe y no tenés por qué decir: “¡Ah, no!, este es un guacho, un homofóbico, un machista, un discriminador”. Es un chiste, no deja de ser ficción. El humor no deja de ser una expresión artística. ¿Por qué es la única expresión artística que tiene que tener límites? No veo que un músico tenga límites a la hora de componer o un pintor, un dramaturgo, un poeta.

—¿Te limita a vos en lo personal ahora? ¿Te lleva a pensar distinto?

—Sí, y es una cagada. El límite del humor es lo que te causa gracia o no. Tiene que haber humor para todos. Si no te gusta el humor negro, no lo consumas.

—Hace un tiempo tu esposa, Mónica Corral, tuvo un entredicho con Julieta Díaz.

—Sí. Hablaron, quedó todo bien. Yo no quise hacer ninguna declaración; de hecho, en nuestro programa no tocamos el tema. Los productores se babeaban por hacerlo. ¿Sabés por qué no quería? Porque estoy a favor de todas las luchas de las chicas, ciento por ciento. No quería que esto se convierta en una guerra entre Listorti y las feministas o contra Julieta Díaz. Estoy a favor de la paridad de género en los trabajos, de la igualdad de sueldos, ni hablar del aborto, ni hablar de estar en contra de los femicidios y de que haya una mayor pena para golpeadores y femicidas. Entonces, no quise dar ninguna declaración para que no aparezca ningún encomillado que pueda quedar como que estoy en contra de ellas.

—Estamos en un momento muy blanco o negro.

—Opinar distinto es parte de la democracia. Puedo no estar de acuerdo con vos en un montón de cosas, ¿pero por qué nos insultamos tanto cuando opinamos lo contrario? No logro entender por qué se odia tanto al macrista cuando se es kirchnerista y por qué se odia tanto al kirchnerista cuando se es macrista. No lo entiendo.

—Al principio de la pandemia hubo una sensación de que íbamos a salir mejores.

—Pensamos que esto nos iba a hacer crecer, y nos hizo mierda. Fue peor. Esta pandemia expuso lo peor de los seres humanos: el egoísmo, el “me quiero salvar y no me importa el otro”.

—¿Te vacunaste?

—Me acabo de anotar. Soy pro vacuna, pro científico. Estar en contra de la vacuna no lo puedo entender. Muchas enfermedades mortales han desaparecido gracias a la vacunación masiva. Esto de las fake news cuando decían que la Sputnik te cambiaba el ADN, que te ponías las cucharas… Una sarta de pavadas.

—Hace unos días uno dijo que se le achicó el pene por vacunarse. Hay un nivel de delirio…

—Yo más chico no lo puedo tener, así que no hay problema (Risas).

—¿Cómo lo estás viendo a Marcelo?

—Bien. Me divierte mucho el programa, me gustan mucho los viernes de humor, que es el mejor Marcelo. Lo que le falta a La Academia es el público (en el estudio). Él se nutría mucho del público.

—¿Y los números en la tele, cómo los ves?

—La tele necesita renovarse. Había mucho programa parecido. Salvo MasterChef y Doctor milagro, es muy difícil. También MasterChef lleva dos temporadas: dame MasterChef dentro de 12 años, cuando el decimosegundo año ya cocinaron arroz, ya hicieron el pollo; también va a tener una baja. Marcelo hace 30 y pico de años que está, es lógico que haya años mejores y peores.

—¿Cómo te llevás con los canjes? ¿Cuál fue la pauta más bizarra que te propusieron?

—Un sex shop. Me llamaron para ver si podía hacerlo y les dije: “Disculpame, pero yo hago cosas con mis hijos, no puedo aparecer con un consolador en la mano” (risas). “No, pero podemos hacer algo con disfraces”. Soy medio pacato para esas cosas, pero me han ofrecido. Después, canje por cirugía estética. No sé qué quería que me opere. Le dije que no.

—Hay quienes critican los canjes, ya sea porque dicen que los famosos abusan o se filtra algún cachet.

—Siempre digo lo mismo: regalar es que te den algo y no des nada a cambio. Nosotros estamos haciendo publicidad. Tengo un millón y medio de seguidores: le conviene a la persona. Defiendo a muerte al canje. Salimos ganando los dos.

—Para cerrar: ¿expectativa de número para Súper Súper?

—Lo importante es que a la gente le guste, que el canal esté contento, y que comercialmente sirva. Hoy en día juegan muchos factores. El numerito es para la gilada.

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