Espectáculo

La canción que enfrentó a las divas de Titanic y se reinventa en la era de los memes

Kate Winslet y Leonardo DiCaprio en "Titanic"

El director James Cameron no quería saber nada con tener una canción final en su obra maestra. Y, mucho menos, una versión pop. ¿Cómo la historia de una tragedia mundial iba a terminar con una canción pop? No le entraba en la cabeza, justo a él, un habitual oyente de bandas pesadas como Metallica. Mientras se negaba una y otra vez, alrededor suyo se estaba gestando la maquinaria para torcerle el brazo.

El trabajo de inteligencia detrás de “My heart will go on” es responsabilidad mayor de su compositor, James Horner. Había trabajado con Cameron para la música de Aliens: El regreso, pero la relación no había quedado en buenos términos. La primera elegida para el soundtrack de Titanic fue Enya, pero la irlandesa se negó y entonces pensó en Horner. Admiraba su trabajo, como el de Corazón valiente, mientras que el músico conocía sus humores y sabía cómo tratarlo. Se dieron la mano y Horner empezó a pergeñar su obra maestra. Por un lado, se puso en contacto con Will Jennings para que elabore la letra. Por otro, empezaba a dibujar una idea de quién podría cantarla.

En 1997 Celine Dion venía de arrasar con Falling into you, su cuarto álbum en el mercado americano, con el que vendió millones de discos y alcanzó lo más alto de los rankings. En cine, venía de interpretar las canciones de La bella y la bestia y Sintonía de amor, y buscaba despegarse un poco del rol de “cantante de soundtracks”. Su imagen era algo desabrida no decía demasiado en comparación a otras divas del pop. El secreto estaba en su voz, y Horner lo sabía. Se conocieron en 1991, cuando Celine audicionó para la canción de Faivel, un cuento americano, que terminó grabando Lisa Ronstadt. Horner guardó en algún lugar de su disco rígido la fuerza interpretativa de la canadiense. Y allí fue a buscar la voz para su nueva canción.

El encuentro se produjo en la suite del Ceasars Palace de Las Vegas. Horner se sentó al piano frente a Dion y su esposo y manager, René Angelil, y les mostró lo que tenía en mente. Los acordes eran una belleza, la interpretación, un espanto. René lo frenó a tiempo, antes que arruine todo y le aseguró que Celine iba a grabar el demo. “¿Pero cómo una estrella como Celine Dion va a aceptar grabar un demo?”, preguntó el músico. “Marlon Brando audicionó para El Padrino” fue la respuesta de René. Y Horner entendió.

Video Oficial de "My heart will go on" (Pedro Kablan/Infobae)

Finalmente llegó el día de la grabación. No se sentía bien la canadiense esa noche de mayo en Nueva York. Estaba nerviosa y algo afiebrada. Tomó coraje, y dos tazas de café negro. Camino al estudio le contaron de qué iba la película, y en su cabeza de intérprete empezó a cobrar forma la épica de su voz. Cuando llegaron a The Hit Factory ya estaba en clima. Se adelantó al grupo, se metió en la sala, bajó el interruptor de la luz y quedó a solas, del otro lado del vidrio. Se puso los auriculares y cantó la canción de un tirón. Cuando abrió la puerta, todos estaban llorando. No solo su esposo y Horner; también Tony Mottola y Polly Anthony, ejecutivos de Sony y Epic, las dos disqueras que compartían los derechos.

No fue necesaria ninguna toma más. Solo faltaba que convencer al jefe, un dato no menor. Horner hizo una copia en un casete, la guardó en el bolsillo y la llevó consigo durante un mes, esperando el momento oportuno para mostrarla a Cameron. Una noche de sobremesa lo notó de buen humor. Ahora o nunca, pensó, sacó el casete y puso play. Cameron se enamoró a primera escucha. A partir de ese momento, Titanic iba a tener una canción de cierre, una auténtica canción pop.

“My heart will go on” se publicó el 8 de diciembre de 1997, seis semanas antes del estreno del filme. Al principio tuvo un movimiento lento, pero todo cambió con la película en cartelera. La canción se disparó y no tuvo freno. Vendió casi veinte millones de discos, ganó el Oscar y arrasó en los Grammy. Los críticos la consideran casi tan grande como el filme y, naturalmente, la vida iba a cambiar para cada uno de los engranajes de Titanic.

Celine Dion canta "My heart will" go on en vivo (Pedro Kablan/Infobae)

Kate Winslet no fue la excepción. La actriz británica venía de romperla en Sensatez y sentimientos y su desempeño en Titanic la ubicó entre las más interesantes de su generación. Sin embargo, a la distancia, reconoció no estar satisfecha con su papel de Rose. Suena lógico, el inconformismo típico de las estrellas, algunos pecados de juventud. Hay cosas particulares que le molestan, el acento estadounidense por ejemplo. Pero lo que más odia de la película es su canción.

La revelación la hizo en 2012, con motivo del 15° aniversario de la película y su lanzamiento en formato 3D. Allí, Winslet reconoció que escuchar la canción le da náuseas. Que cada vez que ingresa a un bar o a un hotel y tiene la mala suerte de que haya un piano, a alguien se le ocurre que es una buena idea dibujar sobre las teclas aquella melodía. “Me encantaría poder gritar que esa no es mi canción, que es de Celine Dion”, contó. En cambio, prefiere permanecer con su mejor cara de piedra y que el tiempo pase lo más rápido posible.

Pero la historia no termina allí. Acaso “la” escena representativa de Titanic sea la Jack y Rose abrasados en la cubierta del barco. De fondo, suena la melodía que los acompaña en su historia de amor. Desde entonces, cada vez que sube a un barco, Kate tiene que aclarar amable y enfáticamente “Sin bromas, por favor”. A veces la entienden, y otras, le piden que se acerque a la baranda a recrear el juego de seducción. Pero más allá de enojos momentáneos, Winslet reconoce lo que significaron la película y la canción, y deja en claro que nada tiene que ver con la cantante. “¡Dios te bendiga, Celine! Pero lo cierto es que la canción me acecha”.

Escena del barco en Titanic (Pedro Kablan/Infobae)

La canadiense recogió el guante en esta suerte de guerra fría y sacó pecho por su interpretación. “Si ella se cansa de escucharla y le da náuseas, me alegro que no haya sido la intérprete, porque si yo contara todas las veces que la canté, me volvería loca”, expresó un poco en broma y otro en serio. También dejó en claro la importancia del tema en su carrera. “Me dio la oportunidad de quedar ligada a un clásico que va a vivir para siempre”, sentenció.

Que no tiene rollo con el tema quedó claro. Tampoco lo tiene con los barcos, ni con “esa” escena. Así lo demostró en el episodio de Carpool karaoke junto a James Corden, en el que recorrieron las calles de Las Vegas y revivieron la escena ante la mirada atónita y el aplauso espontáneo de los caminantes.

Carpool Karaoke de Celine Dion (Pedro Kablan/Infobae)

Hay veces que las canciones dejan de tener nombre propio y pasan a pertenecer al público. “My heart will go on” sobrevivió a Jack y a Rose, a sus creadores y a sus intérpretes, y se metió de lleno en la cultura popular. No sólo sirvió para ilustrar series emblemáticas como Los Simpsons o Dr. House, también supo adaptarse a los tiempos que corren, y de alguna manera, saber reírse de sí misma.

Dr House – "My heart will go on" (Pedro Kablan/Infobae)

En la era de los memes, cualquier situación cotidiana, siempre más emotiva con la música de Titanic. Un discurso político, un blooper, un gol en una final o en un picado de barrio. Y también puede ser banda de sonido en tiempos de coronavirus y música de balcones. Como la improvisación a piano y saxofón que se vivió en Barcelona. Al terminar, la vecindad rompió en aplausos, con la esperanza y el deseo de que esta historia tenga un final feliz.

Balcones en Barcelona – "My heart will go on" (Pedro Kablan/Infobae)

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