Economía

La devaluación del real brasileño presiona al Gobierno para que mueva al dólar oficial

Las subas diarias del dólar que propiacia el Banco Central no logran alcanzar la velocidad de depreciación de otras monedas emergentes (© Ricardo Moraes / Reuters/)

Al igual que el resto de las monedas emergentes, el real brasileño muestra una reacción de manual ante la convulsión financiera internacional que genera la pandemia de coronavirus Covid-19. Ante la salida de capitales que dejan Brasil para correr a refugiarse en activos de refugio, los reales que se cambian por dólares en el mercado cambiario empujaron la cotización de la divisa estadounidense por encima de los 5 reales por primera vez en la historia. De esa manera, el golpe que recibe la economía del gigante sudamericano se compensa en parte al mejorar su competitividad. El problema para la Argentina es que, en pleno cepo cambiario, no tiene la posibilidad de acompañar ese movimiento y se enfrenta a una recesión aún mayor de la que ya sufre.

“Entre los coletazos internacionales el más dañino es la aversión al riesgo, pero la caída del real acompaña. El principal efecto que va a tener la devaluación del real, además de la competitividad, es que nos va a obligar a depreciar a nosotros. En un momento en que necesitamos muchos dólares para pagar la deuda, no le podemos perder pisada a los socios comerciales y Brasil es el más importante”, dijo Matías Rajnerman de Ecolatina.

La moneda del principal socio comercial de la Argentina subía 1,39% a 4,78 por dólar hoy a media rueda, en medio de un jueves negro para los mercados internacionales. No se trata de una excepción entre las monedas emergentes. Los inversores que tienen posiciones en activos de esos países, previendo una caída de los precios de las materias primas que exportan y en busca de pasarse a dólares para estar fuera del mercado durante el derrumbe generalizado, también salen a través de los mercados cambiarios de toda la región y devalúan las monedas americanas.

Al mediodía de la Argentina, el dólar saltaba 4,08% frente al peso mexicano, 3,66% frente al peso colombiano, 2,05% frente al peso chileno y 0,93% ante el sol peruano. Las economías de esos países van a sufrir el choque de la crisis global, pero al menos sus paragolpes funcionan.

Mientras tanto, en el mercado cambiario porteño, el Banco Central (BCRA) respondió poniéndole techo al dólar oficial. Antes de que se concretara la primera operación del día, la entidad conducida por Miguel Pesce puso una oferta en las pantallas de operaciones: dólar mayorista a $ 62,82 para la venta. La señal fue interpretada por los operadores como un tope para el día.

Dos horas más tarde dentro de la rueda se había operado apenas $ 1 millón, y lo había vendido el propio Central. Y el dólar avanzaba 0,23% frente al peso, mucho más lento que en los países vecinos.

El principal efecto que va a tener la devaluación del real, además de la competitividad, es que nos va a obligar a depreciar a nosotros. En un momento en que necesitamos muchos dólares para pagar la deuda, no le podemos perder pisada a los socios comerciales

Para un día en particular, a Pesce no le cuesta tanto evitar que suba el dólar oficial. Con las compras para atesoramiento prohibidas para empresas y limitadas a USD 200 mensuales para personas físicas, más las importaciones en niveles bajos por la todavía vigente recesión local no hay tanta demanda que pueda ir al mercado oficial. Puede esperar que aparezca la oferta de exportadores forzados a liquidar sus divisas a cambio de pesos.

En cambio, en los mercados paralelos del dólar la historia es otra. Por ejemplo, el contado con liquidación reaccionó a la suba de las monedas emergentes y se acercó a los $ 90, máximo nominal histórico, en las primeras horas de operaciones.

Los problemas para controlar al dólar llegan cuando se mira más de un día. El movimiento repetido de los dólares paralelos, y la mirada de reojo de los operadores a lo que pasa con las otras monedas emergentes, sin embargo habla de expectativas de que el BCRA tenga que compensar la devaluación de sus pares acelerando el ritmo al que deja subir a la cotización oficial. Los inversores pueden apostar a que el BCRA no podrá dejar el dólar calmo a costa de dañar la actividad económica aún más, más allá de que también deduzcan que cualquier movimiento será lento por temor al traslado a precios.

Miguel Pesce, presidente del Banco Central, conduce subas diarias del dólar que no pueden seguir el ritmo de avance del real sin acelerar la inflación
Miguel Pesce, presidente del Banco Central, conduce subas diarias del dólar que no pueden seguir el ritmo de avance del real sin acelerar la inflación (Maria Amasanti/)

Esa expectativa puede tener un costo en materia de reservas internacionales. Si los exportadores creen que Pesce va a tener que acelerar la suba diaria del dólar que conduce -crawling peg-, pueden retrasar todo lo posible la liquidación de sus divisas, forzando esa aceleración. Si los importadores leen algo parecido pueden tratar de adelantar todo lo posible sus pagos al exterior, con el mismo efecto. Ya en febrero terminó con un saldo vendedor de USD 260 millones que cortaron con tres meses consecutivos de compras para apuntalar a las reservas.

“Si todas las monedas emergentes se van depreciando mientras la Argentina sigue con su suba gradual del dólar, y el BCRA empieza a perder reservas, eso tiene su efecto en la sensación de que el dólar se va atrasando, y hacia adelante tiene consecuencias en términos de exportaciones e importaciones. En mi opinión, el BCRA debería haber aprovechado esta coyuntura global para mover al dólar un poco más rápido porque la estrategia del crawling peg es peligrosa y sobre todo cuando vas bajando la tasa, porque hace caer los incentivos a exportar -conviene demorar- y suben los incentivos a importar -conviene apurar”, dijo Martín Vauthier de EcoGo.

El problema para el Gobierno es que un ritmo mayor de deslizamiento del dólar oficial puede dar como resultado una aceleración de la inflación que, precisamente gracias a la calma cambiaria, perforó el umbral del 2% en febrero pasado por primera vez en dos años. La creencia oficial es que una única suba inmediata del dólar tiene un traslado más directo a precios por el lado de las expectativas, mientras que los pequeños avances cotidianos afectan menos.

El dólar en Brasil sube casi 9% en lo que va de marzo y 21% en lo que va del año. Son números modestos respecto a los saltos que dio en la Argentina en 2019 y 2018, pero de todas formas ese avance -sumado a la inflación local- hacen que la mejora cambiaria que se consiguió al costo de dos años de crisis empiece a reducirse. En el mes, el dólar oficial subió 1,1% y en el año algo menos de 5%. Y la inflación interanual sigue arriba del 50%.

Una forma algo más técnica de ver qué tan caro o barato está el dólar es el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) que elabora el Central. El índice compara los movimientos del peso argentino con el de las monedas de sus principales socios comerciales, datos a los que incorpora la inflación de cada país. Cuanto más alto el ITCRM, más barato está el peso argentino y, cuanto más mago, más apreciado está.

Ese indicador alcanzó los 116 puntos esta semana, por debajo de los 123 puntos de fin de año pasado y muy lejos de los 148 puntos que tocó muy brevemente después de la disparada del dólar. De hecho, medido por este indicador, por efecto de la devaluación de las monedas emergentes y la inflación local, el tipo de cambio real está a punto de volver a lo que valía el 9 de agosto, justo antes del salto de la divisa posterior a las PASO. Antes de ese golpe, estaba en los 112 puntos.

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