Economía

La nueva realidad, la gran oportunidad para la Argentina

Teletrbajo como parte de la llamada "nueva normalidad" (JCCM/)

La llegada del covid-19 nos ha obligado a los habitantes de todo el mundo ha cambiar radicalmente la forma en la que vivíamos: hemos tenido que limitar nuestra movilidad y pasar mucho más tiempo en nuestras casas, desde donde trabajamos, aprendemos, enseñamos, compramos, vendemos, socializamos, festejamos cumpleaños y hacemos la mayoría de las cosas que antes hacíamos en forma presencial y ahora hacemos en forma remota.

Este cambio de hábitos producto de la pandemia a nivel global, sumado al avance de nuevas tecnologías como Cloud Computing, Blockchain, Inteligencia Artificial, etc. y soluciones y herramientas que nos permiten, entre otras muchas otras cosas, comunicarnos de manera remota (chatear, hacer videollamadas, videoconferencias, etc. ) ha tenido, y seguirá teniendo, profundas implicancias en la economía a nivel global, que podríamos simplificar en las siguientes:

– Aceleración del proceso de globalización: el mundo se ha hecho más pequeño, mucho más pequeño. La información circula entre países en milisegundos. Cualquiera puede trabajar desde cualquier lugar del planeta para cualquier otro lugar. O crear empresas y soluciones que tengan un alcance global en muy poco tiempo. Las barreras de entrada de los diferentes mercados se han reducido radicalmente, sin que esto haya sido producto de cambios en los acuerdos de comercio internacionales.

– Aceleración del proceso de transformación tecnológica: los cambios de hábito han acelerado la adopción de nuevas tecnologías y en consecuencia esto ha creado una revalorización de todas las compañías que han apostado a la tecnología. Sin importar la industria, esta apuesta se ha convertido en el principal diferencial competitivo. Como alguien dijo hace no tanto, “la tecnología se está comiendo el mundo” y este enunciado ha tomado mayor vigencia durante la pandemia. Y contra todos los pronósticos, en un marco de crisis y recesión global, el Nasdaq, que nuclea a las principales empresas de tecnología de Estados Unidos, lleva acumulado un crecimiento de más del 50% desde principios del 2020. En comparación, su crecimiento durante el 2020 más que quintuplicó el del Dow Jones, que nuclea a las principales empresas industriales norteamericanas.

El mundo se ha hecho más pequeño, mucho más pequeño. La información circula entre países en milisegundos. Cualquiera puede trabajar desde cualquier lugar del planeta para cualquier otro lugar

– Aceleración del ecommerce: la reclusión en nuestros hogares también ha generado que en la mayor parte de los países del mundo se haya dado un salto exponencial en el volumen y en el crecimiento de las compras por canales digitales. Sólo en Estados Unidos el crecimiento del ecommerce llegó al 44% durante el 2020, triplicando el porcentaje de los años anteriores. En los países con una penetración menor del ecommerce antes de la pandemia, como es el caso de los países latinoamericanos, este índice llegó a duplicar el crecimiento del ecommerce norteamericano.

A priori, podríamos pensar que estos procesos deberían ser mayormente propicios para los países más poderosos, que concentran los mayores recursos y a las empresas más valiosas del mundo. El impacto económico que ha producido la pandemia a nivel global ha sido asimétrico y los países más pobres han sufrido mucho más que los países ricos. Mirando las consecuencias en América, podemos ver que, mientras la caída del PBI de Estados Unidos ha sido del 3,5%, en promedio los países de América Latina más que duplican este índice. Sin embargo, existe un nuevo proceso de cambio, no tan evidente, que nos permite pensar que la pandemia no significará un proceso de aumento de poder económico y político por parte de las principales potencias, sino todo lo contrario: que existirá un proceso de descentralización de los centros del poder actuar hacia los márgenes, hacia los países periféricos.

Mirando las consecuencias en América, podemos ver que, mientras la caída del PBI de Estados Unidos ha sido del 3,5%, en promedio los países de América Latina más que duplican este índice

La nueva globalización

Si observamos el proceso de globalización que se ha dado en la historia reciente, en los últimos 40 años, descubrimos que el primer gran proceso tuvo como eje a la producción de bienes industriales, que generó una mudanza, principalmente de centros industriales de Norteamérica hacia Asia (China y Sudeste asiático) y hacia México (producto del NAFTA, firmado en 1990), y de los países de Europa Occidental hacia los países de Europa Oriental, a partir de la conformación del Mercado Común Europeo (firmado en 1993) luego del desmembramiento del bloque soviético. Este proceso permitió hacer mucho más eficientes y competitivas a la mayoría de las industrias involucradas y al mismo tiempo implicó un gran crecimiento del PBI, del ingreso medio por habitante y de los salarios medios de los países a los cuales se mudaron la producción de los bienes industriales.

marcos galperin mercado libre
Marcos Galperin, cofundador, CEO y presidente de Mercado Libre (Bruno Marrone/)

El segundo gran momento de aceleración de la globalización se dió a partir de la aparición de Internet, que propició no sólo la libre circulación de mercancías sino la distribución (compra y venta) de estos bienes físicos a nivel global. No sólo por la digitalización de determinados productos que perdieron su materialidad (libros, por ejemplo) sino por la aparición y consolidación de grandes compañías de ecommerce y marketplaces como Amazon, Alibaba o Mercadolibre (el nombre mismo de la compañía fundada por MarcosGalperin es paradigmático, ya que representa en sí mismo una visión muy clara y la firme convicción sobre las virtudes de la globalización capitalista y sobre el rol que la compañía tendría en su proceso de crecimiento en la región) que permitieron que cualquiera pudiera desde prácticamente cualquier país del mundo comprar o vender prácticamente cualquier producto.

Mercancías si, personas no

Ahora bien, si por un lado los países centrales han sido los principales impulsores de la liberación del comercio global y la libre circulación de mercancías, esta apertura no trajo implícita la libre circulación de las personas. O sea, un mexicano puede comprar productos de Estados Unidos o Canadá pero no tiene la libertad de poder trabajar legalmente en estos países si quisiera hacerlo: la liberalización del comercio global trajo, en la mayoría de los casos, enormes beneficios para los países involucrados pero tuvo aparejada una gran paradoja, discutible desde muy diferentes ángulos. Pero hoy la tecnología y la pandemia han venido a poner en discusión esta limitante al hacerla obsoleta: los habitantes del mundo no necesitarán mudarse a otro país para poder trabajar en ese país.

Se ha iniciado un proceso imparable que puede significar la mayor transferencia de recursos de la historia de los países ricos a los países pobres: la globalización del trabajo y de los servicios.

El acceso al aprendizaje se ha simplificado y sobretodo el costo se ha reducido inmensamente

Educación accesible y descentralizada

Este proceso de globalización del trabajo es posible y se verá potenciado por los cambios que se están dando en el plano educativo: como en todo proceso en el cual una nueva tecnología y la aceleración de su adopción posibilita la circulación de conocimiento, como ha ocurrido con la invención de la prensa, de nuevos sistemas de comunicación, o hace no tanto, con Internet, la aceleración de las nuevas tecnologías y el surgimiento de nuevas empresas de contenidos digitales (redes sociales, medios e instituciones educativas) han posibilitado que la circulación del conocimiento haya crecido exponencialmente. El acceso al aprendizaje se ha simplificado y sobretodo el costo se ha reducido inmensamente. Nunca en la historia el conocimiento fue tan accesible como lo es hoy. Esto ha abierto las puertas a que miles de millones de habitantes del mundo puedan acceder a nuevos contenidos y conocimientos gratuitos por los que antes hubieran tenido que pagar. O que aprendan de forma remota y digital a un costo muy inferior a lo que le hubiera costado hacerlo hace unos años. Incluso en países con sistemas educativos públicos gratuitos, la presencialidad siempre significó un costo a pagar, especialmente para aquellos estudiantes terciarios o universitarios de pequeñas o medianas localidades que debían trasladarse a las grandes ciudades para poder estudiar.

La nueva educación

Durante la pandemia, el crecimiento de la oferta educativa digital se ha multiplicado, acelerando este proceso, en el que la Educación está dejando de ser propiedad de pocas instituciones formales para comenzar a distribuirse en miles y miles de nuevos actores. Así, se abre un enorme proceso democratizador, no sólo en el acceso a la Educación, sino también en la generación de contenidos. La Educación poco a poco se va descentralizando e incorporando variedad. Plataformas como Udemy, Coursera, DigiatlHouse, Henry, Udacity, Preply, SkillShare o Masterclass, para poner sólo algunos ejemplos, que de diversas maneras y sobre diferentes modelos de negocio, ponen al alcance de todos contenido educativo en formatos de todo tipo, en muchos casos muy innovadores, creados por individuos e instituciones. Cualquier persona con una pantalla y acceso a Internet en cualquier lugar del mundo puede aprender inglés con un profesor hindú, a programar con profesores latinoamericanos, tomar un curso de Inteligencia Artificial del MIT, de Cocina Italiana con un chef italiano, de Carpintería o de Cómo incrementar las ventas a través de Mercadolibre. O encontrar tutoriales de cómo cambiar un cuerito o hacer una conexión eléctrica. La oferta de conocimientos es casi infinita y democratizadora. Está ahí, al alcance de todos.

educación a distancia
Estudiar a distancia, otra tendencia que se aceleró con la pandemia

Esta nueva accesibilidad a la educación, también, más que nunca, equivale a poder acceder a nuevas oportunidades de trabajo, a progresar y ascender socialmente. Hasta hace unos años la relación entre el aprendizaje y el trabajo era muy poco flexible y extremadamente ineficiente: uno elegía estudiar una carrera o un oficio, en ambos casos el aprendizaje llevaba años e implicaba un esfuerzo y en la mayoría de los casos, un costo altísimo, que era inaccesible para la mayoría de la población. Y sobretodo, la relación entre el esfuerzo invertido y el resultado era en muchos casos asimétrico. Años de esfuerzo estudiando una carrera universitaria para terminar conduciendo un taxi, o recibiendo un ingreso extremadamente bajo, por escasa demanda o excesiva oferta de esas profesiones. U oficios que perdían vigencia por el avance de la innovación y la tecnología. La evolución de la Educación no se ajustaba a la velocidad y dinamismo del Mercado Laboral.

Hoy la variedad de contenidos educativos cortos, económicos y flexibles ha cambiado la relación entre el esfuerzo y el resultado. Es posible tomar cursos de semanas o meses que nos permiten rápidamente adecuar nuestros conocimientos a la oferta laboral cambiante. En términos prácticos, es mucho más eficiente estudiar lo que HOY necesita el mercado, que carreras larguísimas con contenidos que van perdiendo vigencia. Cualquier persona puede incrementar (o multiplicar) sus ingresos, dedicando relativamente poco tiempo a estudiar los conocimientos que hoy son necesarios. Nunca antes existió una oportunidad tan increíble para las personas y las sociedades, que les permite, realizando un esfuerzo medio acceder a una realidad mucho mejor.

La globalización del trabajo

Como señalé antes, el proceso de deslocalización del trabajo, que lentamente fue avanzando durante los últimos años, se aceleró abruptamente a partir de la irrupción del covid-19 en nuestras vidas. Lo que comenzaba a ser normal para quienes se dedicaban a la tecnología, a partir de la pandemia se naturalizó para un enorme porcentaje de la población. La mayoría de los trabajos presenciales de golpe se volvieron remotos a la fuerza. Y descubrimos que trabajar de esta manera era no sólo posible sino que, además, era mucho más eficiente. Evitábamos el tiempo y el costo del traslado diario hacia nuestros lugares de trabajo y en muchos casos nos permitía alinear las necesidades personales y familiares a las laborales.

Esta nueva realidad lo que está propiciando es que de lo mismo si estamos a 5 km o a 15.000 km de la “oficina”

Ahora bien, el trabajo remoto ha abierto la puerta a un proceso muchísimo más profundo, con consecuencias disruptivas a escala planetaria: la globalización del trabajo. Porque hoy estamos viendo apenas el comienzo de un cambio radical en la economía global. Cuando tuvimos que quedarnos en casa lo que hicimos fue mover unos pocos kilómetros el lugar de trabajo. Y al hacerlo, demostramos que el espacio geográfico desde donde trabajábamos no era una limitante ni era relevante. Esta nueva realidad lo que está propiciando es que de lo mismo si estamos a 5 km o a 15.000 km de la “oficina”. E incluso el propio concepto de “oficina” o lugar central para el cual trabajamos se pone en discusión. Las organizaciones están avanzando a pensarse en términos descentralizados. En muchos casos sin oficinas o espacios de trabajo comunes. Con empleados y equipos en diferentes ciudades y países.

Este cambio, en sí mismo, implica convertir el mundo en un único gran mercado laboral en el cual cualquiera puede trabajar desde cualquier lugar del mundo, para cualquier lugar del mundo. Y las organizaciones al momento de elegir a quién contratar no necesitan buscar en su ciudad ni en su país. Pueden mirar mucho más allá de sus fronteras. Y es lo que está ocurriendo. Poco a poco millones de personas y empresas están recurriendo a plataformas globales para contratar o ser contratados: compañías como Fiverr, Upwork, Workana, Toptal, Freelancers, Peopleperhour, Koder, Catalant, Gigster, Seeds, 99Designs, Expert360 y Worksome, entre muchísimas otras, que unen la oferta y la demanda laboral global. La mayoría inicialmente se focalizó en el talento tecnológico y digital, que eran los trabajos que naturalmente no requerían de localización. Pero con la pandemia la oferta se amplió exponencialmente y hoy es posible contratar desde arquitectos, hasta personal trainers, pasando por abogados, contadores, modelos, diseñadores, escritores, traductores, nutricionistas, médicos, astrólogos, asistentes y un número interminable de profesiones y servicios que cada día se va ampliando.

El impacto sobre los ingresos

Que el mundo se vuelva un único mercado laboral significa que cada persona u organización que posea conocimientos, capacidades y/o experiencias que tengan valor para otras personas u organizaciones podrían competir por talento y costo con el resto de los oferentes en el mundo. Las consecuencias que puede tener esta novedad son realmente radicales. Hace diez años el ingreso de un desarrollador de tecnología que vivía en un país subdesarrollado era aproximadamente el 10% del ingreso que recibía un desarrollador que vivía en un país desarrollado. Hoy los salarios de ambos se han acercado muchísimo, y la brecha, de acuerdo a la especialización, en muchos casos es casi nulo. Y el cierre de la brecha se ha dado hacia arriba. O sea que esto implica que los perfiles de tecnología han multiplicado su ingreso por esta nueva dinámica laboral global. Esto mismo está empezando a ocurrir con muchísimas otras verticales y perfiles. El diseñador alemán ya no compite sólo con diseñadores alemanes, compite con diseñadores hindúes, argentinos o nigerianos. En calidad y en costo. El procesador de datos de Chicago ya no compite con otros procesadores de Chicago o Estados Unidos. Compite con cualquier persona que pueda realizar el mismo trabajo, esté en el lugar del mundo que sea. Ni siquiera es relevante el lugar de residencia ni la nacionalidad del oferente. Y compite por calidad y por costo. Y esto ocurrirá en miles y miles de diferentes tipos de trabajos y servicios que hasta hoy son presenciales o locales, pero que se irán convirtiendo a remotos y globales.

Los salarios “globalizables” se equilibrarán. La brecha actual se irá cerrando poco a poco. Y por ende el ingreso medio de un danés o un canadiense cada día será más parecido al de un colombiano o un vietnamita

A medida que este nuevo comportamiento se vaya naturalizando incorporando nuevas profesiones, más oferta y más demanda, lo que ocurrió con los salarios de los desarrolladores de tecnología ocurrirá con las demás profesiones y ocupaciones. Y los salarios “globalizables” se equilibrarán. La brecha actual se irá cerrando poco a poco. Y por ende el ingreso medio de un danés o un canadiense cada día será más parecido al de un colombiano o un vietnamita. Esto implica que existirá una gigantesca transferencia de recursos de los países ricos a los países pobres. Y entraremos en una era de democratización del trabajo. En el cual la globalización traerá mayor igualdad.

¿Migraciones inversas?

Esta realidad tendrá un enorme impacto también en las dinámicas migratorias, ya que hasta hoy el principal factor que impulsa la mudanza de residencia es el acceso a mejores oportunidades de trabajo. En la medida de que el trabajo sea remoto y global las oportunidades estarán en cualquier lugar del mundo. Y quizás el cambio de residencia en el futuro tendrá mucho más que ver con la calidad y el costo de vida que con otros factores. El fenómenos de los “nómadas digitales” responde a esta realidad: “ciudadanos del mundo” que han entendido esta oportunidad y van encontrando los mejores lugares para visitar mientras trabajan. Países periféricos con atractivos naturales, buena calidad de vida, bajos costos y marcos impositivos propicios pueden convertirse en los elegidos por millones de habitantes de las grandes urbes de los países ricos que poseen altísimos costos y limitantes en la calidad de vida como la contaminación, el tráfico, etc. España o Uruguay, por ejemplo, han comenzado a tomar ventaja frente a esta oportunidad y se están convirtiendo en el destinos elegidos por cada vez más extranjeros.

Nunca antes estuvimos tan cerca de poder participar del juego global como hoy y en el futuro que viene

Hacia un mundo descentralizado

Como decía al inicio, con la pandemia el mundo se ha vuelto más chico. Muchísimo más chico. Y más horizontal. La tecnología está propiciando relaciones colaborativas entre los individuos, reduciendo las jerarquías y las limitaciones de los poderes centrales de los Estados y las Instituciones. Interconectando a millones de personas en el mundo en forma remota e incluso anónima. No sólo la oferta y las oportunidades vinculadas a la Educación y el Trabajo, sino también los servicios que consumimos están siendo impactados positivamente por la tecnología Blockchain, entre otras, que integra y suma confianza, posibilitando la descentralización de los servicios financieros (DeFi) por ejemplo. O la circulación de criptomonedas ajena a las normativas de los Bancos Centrales. O la capacidad de automatizar y securitizar procesos a través de contratos inteligentes (Smart Contracts) que le dan a las partes mayor eficiencia y seguridad. Incluso la misma estructura de las organizaciones se está transformando con el surgimiento de las DAOs (Descentralized Autonomous Organizations).

La nueva globalización es una globalización descentralizante que, lejos de ser una amenaza hacia los individuos y los países periféricos, seguramente sea la mayor oportunidad que se ha generado en la historia de la Humanidad. La oportunidad de integrarse en forma igualitaria. De incrementar capacidades e ingresos. De competir a partir de nuestras fortalezas de igual a igual sin que la localización geográfica o el lugar en donde nacimos sea una limitante que nos descalifique. Nunca antes estuvimos tan cerca de poder participar del juego global como hoy y en el futuro que viene.

La tecnología está propiciando relaciones colaborativas entre los individuos, reduciendo las jerarquías y las limitaciones de los poderes centrales de los Estados y las Instituciones

Y esta enorme oportunidad no es sólo para las personas, las sociedades y países sino también para las organizaciones. Nunca fue tan fácil crear compañías desde países periféricos que puedan competir con las grandes empresas de Estados Unidos, Europa o Asia. En un mundo más pequeño con menos barreras de entrada lo que se impone es el talento. Y el talento no está localizado. Tomando el caso de Argentina los nuevos unicornios han apostado a la innovación y han llevado sus compañías a competir a nivel global saliendo de la región (a diferencia de la primera tanda de unicornios que se inspiraron en modelos de negocio desarrollados en los países centrales y los trajeron a Latinoamérica, como Mercadolibre o Despegar). Ideas y modelos de negocios absolutamente nuevos que crean la nueva realidad con emprendedores protagonistas en esta construcción como es el caso de los fundadores de Aut0, Satellogic o Mural, entre muchísimos otros. Claramente vemos que la Innovación y la creación de compañías innovadoras se ha descentralizado. Silicon Valley ha dejado de ser el centro hegemónico de generación de empresas tecnológicas, y vemos aparecer en todo el mundo hubs de desarrollo en los que nacen nuevas compañías líderes.

Oportunidades del futuro, que ya llegó

Para los habitantes y los dirigentes de la Argentina y los del resto de los países de Latinoamérica entender esta “nueva normalidad”, sus cambios y sus consecuencias, es fundamental y necesario para tomar las medidas que les permita construir un futuro mejor.

Ideas y modelos de negocios absolutamente nuevos que crean la nueva realidad con emprendedores protagonistas en esta construcción como es el caso de los fundadores de Aut0, Satellogic o Mural, entre muchísimos otros

En primer lugar es importante apostar más que nunca, por la Educación. Nunca ha ocurrido hasta hoy que el cambiar sustancialmente la calidad de vida y los ingresos de las personas requieran de un costo y un esfuerzo mucho menor que en el pasado. El acceder a los conocimientos que hoy necesita el mundo y cuya demanda está creciendo exponencialmente (tecnología, ecommerce, “mundo digital”, etc.) es muchísimo más simple y barato que hacer una carrera universitaria. En términos de gasto público y retorno social, el pagar o subsidiar los estudios de un desarrollador Java es muchísimo más eficiente que cubrir los gastos de la carrera de un estudiante de Psicología (sin desmerecer la importancia y la necesidad de los psicólogos), por ejemplo. Hay estados que han comprendido esta situación y están avanzando e invirtiendo en capacitar a millones de jóvenes (y no tan jóvenes) en estos conocimientos, como es el caso de Colombia, con el programa Misión TIC que va a capacitar en programación a 100.000 jóvenes, o el de numerosos países asiáticos. Hoy la brecha digital es una brecha social. Educación digital es igual a Inclusión social. Y sin duda es necesario cerrar esta brecha en todos los niveles educativos pero a nivel terciario el impacto es extremadamente relevante y permite generar un altísimo impacto en un cortísimo plazo.

La Argentina debería iniciar un plan urgente que tenga como objetivo capacitar en estos conocimientos a millones de habitantes (si, millones), especialmente a todos aquellos de menores recursos que tienen menor capacidad de acceder a una educación convencional y a oportunidades de trabajo digno que les permitan salir de la pobreza. Esta debería ser una prioridad absoluta. El impacto que tendría en términos sociales, de reducción de la pobreza y de impacto económico sería impresionante. Incluso desde un punto meramente matemático, de impacto fiscal, el convertir a un ciudadano que conlleva un costo para el Estado en un contribuyente que genera ingresos al fisco a través del pago de impuestos, la ecuación es incuestionable. El repago es de muy corto plazo. Hoy las empresas nacionales y el mundo necesita del talento y el conocimiento digital y tecnológico. Apostar a la Educación Digital es nutrir de la materia prima que más puede contribuir a nuestro desarrollo como país. El ejemplo de Globant y Mercado Libre, que están invirtiendo en otorgar decenas de miles de becas a jóvenes argentinos a través de Digital House es otro gran ejemplo a seguir desde el ámbito privado. El caso de Arbusta es también paradigmático.

Hoy la brecha digital es una brecha social. Educación digital es igual a Inclusión social

En segundo lugar hay que apostar a la integración del talento argentino en el mundo. Apoyar e incentivar esta integración, para que cualquiera pueda exportar sus servicios y trabajar para cualquier empresa en el exterior es fundamental. La demanda es global, las necesidades son globales. El momento es ahora. Ayudar y acelerar a que esto ocurra es una forma de competir con Ezeiza en la exportación de talentos. No es necesario que los jóvenes o los más capacitados tengan que irse a vivir al exterior. Hay que ocuparse de que trabajar para el mundo desde Argentina y de esta forma aumentar los ingresos, sea simple, fácil y eficiente. Generar trabas impositivas, cambiarias, burocráticas, es lo peor que podemos hacer. Que haya más argentinos que estén trabajando para el exterior significa más trabajo, más ingresos, más consumo, mayor capacidad contributiva, mayor competitividad, más empresas, mayor crecimiento económico y menos pobreza. En la medida que logremos que esto ocurra no sólo podemos dejar de ser un país que exporte talento vía Ezeiza, sino que podemos pasar a ser un país que importe talento si generamos un marco impositivo propicio. Argentina es uno de los países más increíbles y bonitos del mundo, con un gran atractivo de bellezas naturales y culturales inigualables. Si les sumamos estabilidad económica y los incentivos correctos podríamos llegar a ser un polo de tecnología e innovación de los más importantes del mundo. Imaginemos si Bariloche (Globant una nueva sede en esta increíble ciudad patagónica), Mendoza, Salta, Puerto Madryn, La Angostura o cualquiera de nuestras ciudades más bonitas no podrían ser sede de vibrantes ecosistemas que exporten al mundo innovación y conocimiento.

Que haya más argentinos que estén trabajando para el exterior significa más trabajo, más ingresos, más consumo, mayor capacidad contributiva, mayor competitividad, más empresas, mayor crecimiento económico y menos pobreza

En tercer lugar, es fundamental apoyar a los emprendedores. Necesitamos más compañías creando e innovando, pensando en cómo competir a nivel global. Que apuesten e inviertan, generen trabajo, formen talento. Necesitamos propiciar, fomentar y premiar la mentalidad emprendedora. Ayudar a la usina productiva, como viene haciendo, por ejemplo, Israel hace muchísimo tiempo. Buscando mecanismos para fomentar el crecimiento del capital de riesgo privado y apoyar desde el Estado con programas como “Start-Up Chile”, en nuestro país vecino, que ha acelerado y financiado a casi 2.000 nuevas compañías en los últimos años. A nivel global se han multiplicado los fondos que se alocan en el financiamiento de nuevas empresas y en Latinoamérica este crecimiento está llegando pero Argentina no logra atraer un porcentaje relevante. Es fundamental acelerar este proceso. El talento argentino y latinoamericano es de los mejores del mundo. Los ejemplos son interminables, no dejan de sorprender y realmente emocionan. El ecosistema emprendedor tiene todo el potencial para multiplicarse y ser el gran motor de la Argentina que todos necesitamos. Para dejar de mordernos la cola, atacar los problemas de fondo y comenzar un camino de desarrollo sustentable que saque a millones de argentinos de la pobreza.

Necesitamos pasar de una estrategia de corto plazo que ataca la coyuntura con parches interminables, que corre los problemas desde atrás, a pasar a tomar la iniciativa y ser protagonistas de lo que viene. Necesitamos superar la discusión constante, la grieta que no nos permite abrir los ojos y entender las tendencias globales y consensuar lo importante en un plan simple y claro que nos permita integrarnos al mundo. Ser parte relevante en esta nueva globalización descentralizada. La oportunidad es inmensa, la más grande que hemos tenido, y está ahí, a nuestro alcance. Actuemos rápido.

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