Espectáculo

Leo Montero: “Voy a terminar mi vida en el campo conviviendo con mis vacas, chanchos, cabras o gallinas, pero sin hijos”

“Me aburre tremendamente hablar de mí mismo”, avisa Leo Montero. “Mi ego está domado desde hace mucho tiempo”. El conductor transita desde hace años un recorrido de autoconocimiento que se centra en el equilibrio. “Me vas a escuchar mucho decir esa palabra -reflexiona-, como los taoístas: el Camino del Medio”.

María Laura Tedesco, Malu, su pareja, es un pilar fundamental en la vida de Montero. “Me ayudó mucho a ser mejor persona”, confiesa en esta entrevista con Teleshow, aunque aclara que jamás trató mal a nadie ni fue un agrandado. Sin embargo, afirma que siempre se puede evolucionar.

En un gran momento personal y profesional, el periodista disfruta de un nuevo comienzo en América. Estamos a tiempo es el ciclo que lo tiene al frente los domingos de 15 a 19, y que marca su regreso al canal tras 25 años, acompañado por Mariano Yezze, Cora Debarbieri y Hernán Letcher.

“Con el tiempo me he puesto cada vez más reservado. Uno está todo el tiempo compartiendo su vida como anfitrión de tele, de radio, de redes, exponiendo, mostrando, compartiendo con alegría. Y me da vagancia dar notas”, admite Leo, prestándose al diálogo.

—Sos vegetariano hace 10 años, pero vegano hace tres. ¿Correcto?

—Soy vegano full hace tres o cuatro años. Mucha gente lo sabe por mi bajada de línea, mis editoriales de veganismo, siempre tratando de informar, con altura, respeto y empatía para que se entienda el mensaje. Esto no es para pelear: “Vos comés carne, yo no”. Es para entender, para evolucionar.

—La grieta que, lamentablemente, los argentinos conocemos demasiado bien…

—Pensaba en republicanos y demócratas. ¿Es una cuestión argentina o una cuestión mundial? Somos raros los humanos. Cuando deseamos mucho una cosa y la obtenemos, después no la queremos más, y cuando no, queremos dividir. El “divide y reinarás” sigue pesando más que… Es bastante mediocre, horrible. Si pensás una cosa inmediatamente tenés que pensar otra. ¿Por qué? Pueden no gustarme cosas de este lado y del otro.

—No es todo malo o todo bueno.

—Política o socialmente. Soy de Boca, pero me gusta cómo juega River. Yo no porque soy totalmente apolítico, pero si Fulano dice algo del oficialismo ya directamente es opositor. En Estados Unidos pasa lo mismo. Estamos todo el tiempo buscando cómo batallar. ¿No me pueden gustar los Redondos y Soda? ¿Los Rolling Stones y los Beatles? Hay una cosa de “decidite, no seas tibio”.

—Estás con la NBA, relatás y comentás partidos en ESPN, tu programa de radio; ahora, América. ¿Cómo te llevás con trabajar los domingos? ¿Te dejaste algún día libre?

—Sí, soy un torito trabajador: no tengo días. Por ahora me han quedado los sábados libres pero estoy acostumbrado a trabajar sábado, domingo, partido a las dos de la tarde, a las diez de la noche, etcétera. Pero un programa de conducción de cuatro horas en vivo un domingo no lo venía haciendo.

—Domingo y en el horario clásico de Mauro Viale. ¿Hay un peso ahí?

—En lo personal, cero, porque no tuve el gusto de conocerlo más que de un “Hola” y “Chau”. Como dije al aire, me sorprendió y valoré mucho que quienes habían trabajado con él, todos los pibes y la producción, hablaban de Mauro admirándolo periodísticamente y como persona. Es un programa nuevo, con mis ocurrencias, los perros, con cómo siento que debe ser un magazine, cómo entrevisto. Cero peso en ese sentido, pero muy agradecido de que un lugar así lo pueda ocupar un programa que me tenga al frente.

—Son tres trabajos. ¿Cómo lo combinás con la pareja? ¿Se organizan los tiempos?

—Con Malu somos muy ordenados. Administramos bien los tiempos y somos muy activos. Entonces, la organización nos permite disfrutar e improvisar. Laburamos juntos en radio y en su faceta principal, que es el fashion style. Decimos: “Bueno, ¿cuántos looks tenemos para 200 programas?”. Nos llevamos muy bien y lo podemos hacer.

—¿Te tiene cortito con la imagen? ¿El pelo, alguna crema?

—No uso maquillaje, con el HD ya me hincha las bolas y sale normal. Sacando un brillo que te pegue luz, pero no uso. El otro día vino al programa y me puso unas cremas, un hidratante, así tenía la cara fresca y cuando miraba algunos fragmentos de las notas en las redes dije: “Está bien, vamos con esa el próximo domingo”. Desde eso hasta el look, la barba, el pelo: en cuanto a imagen, no hay nada librado al azar. Confío mucho en ella porque sabe un huevo. Para mí es un placer. La vida es mucha imagen nuestra hoy: incluso la radio es streameada, las redes…

—Por un lado la imagen es importantísima, y por el otro, nos estamos permitiendo cuestionar ciertas exigencias y estereotipos con los que vamos rompiendo.

—Nada es un éxito y un fracaso. Blanco o negro. Hay caminos del medio que hay que transitar que no tienen que ver con los grises sino con el equilibrio. Conocerte y saber lo que querés.

—Detrás de esa reflexión pareciera haber un camino recorrido. ¿Te costó llegar a ese lugar? ¿Fue una búsqueda o se fue dando naturalmente?

—Un poco se dio naturalmente; otro poco Malu, que me ayudó mucho a ser mejor persona. Hace 18 años casi que estamos juntos y es más chica que yo pero en ciertas cosas es mucho más madura. Somos muy familia. Mis amigos también me ayudaron mucho a crecer. Todo el combo de mi curiosidad y mi manera de ser, mi cordobeseada, tiene una dosis justa para llegar a los 50 años muy equilibrado. Siempre fui metódico, tranquilo, de buen trato, pero he tenido mis etapas también más caprichosas, más testarudo o menos atento a las que eran mis parejas anteriores y mis amigos. Malu me hizo ver todo eso y me transformé en alguien mejor. No es que fuera una basura; me refiero a mejor de lo que uno era. Siempre se puede evolucionar.

—Me decías que hoy en día el ego está muy acomodado. ¿En algún momento se desacomodó?

—Siempre se desacomoda porque sos pendejo y te crees que sos el más campeón y que te llevás la vida por delante. Siempre con buen trato y sin petulancia, pero… ¡qué sé yo! “Leonardo, date cuenta que hace siete horas le estás contando tu vida a esta gente que por ahí no le importa. Estamos en un cumpleaños”. Hay que tener cuidado con lo que te lleva el medio. Como vos sos al que le hacen las preguntas porque sos el boludo que está en la tele, está mal que uno se crea que tiene que hablar todo el tiempo de eso. Le escapo mucho a eso. Lo aprendí hace ya como 15 años.

—¿Tuviste algún momento de: “No me hagas hacer la fila, soy Leo Montero”?

—No, eso no, pero los argentinos somos tan extremadamente cholulos para bien, que muchas veces ni siquiera tengo que pedir nada y me lo ofrecen. Por supuesto, si es una boludez acepto; si es una cosa seria, no. No voy a estar en una guardia de un hospital, llega una persona muriéndose y porque soy Leo Montero: “¡Atiéndanme antes!”. Es un extremo que nunca me pasó, pero jamás lo haría.

—¿Cuál es la clave para 18 años juntos con Malu?

—No lo sé… La clave es el amor, que nos gustamos. A mí me gusta ella y ella gusta de mí, como los chicos. No tiene mucha explicación. Nos queremos. Prevalece el tratarnos bien, tener tiempo para nosotros, para charlar, para estar, para disfrutar. La clave no es la cama separada. Por supuesto: el sexo, la cama, todo es lindo. Pero hay una parte inexplicable y eso es lo más lindo que tiene el amor: que es inexplicable. Y eso nos pasa desde hace 18 años.

—¿Te imaginás si un día decidieran empezar a dormir juntos? Sería tapa de los diarios, después de haber sido los primeros en contar que dormían en cuartos separados.

—Dormimos juntos todas las vacaciones. En Estados Unidos, porque nos gusta y porque, como trabajo mucho con la NBA, siempre hacemos pasaditas por Miami, Nueva York. Usamos una king size y la pasamos espectacular. En vacaciones disfrutamos así, y cuando venimos a casa cada uno tiene su lugar, su independencia. Me causa gracia que la gente lo vea tan anormal. Para nosotros es renormal.

—Me quedé un poco preocupada cuando Bebe Sanzo te presentó y dijo que no sabés usar el lavarropas.

—Toda la vida tuve lavarropas, pero siempre otro lo hizo por mí. Yo pagaba por supuesto el servicio, aún viviendo solo, bueno, tenía ayuda y daba trabajo para que alguien pudiera trabajar en mi casa en la parte doméstica. Hago todo en la casa: cocino, lavo, plancho, piso, cama; menos lavar. La verdad que no sé cuánta cantidad (de jabón) ponerle al lavarropas.

—Si te dejo en el supermercado, vos sabés que hay un jabón que es para lavarropas y otro que no va con lavarropas automático, ¿no?

—¿Ves? Ahí me cagaste.

—¿Hay alguna otra cosa, más allá de lo doméstico, en lo que te reconozcas medio inútil?

—Soy bastante inútil. O sea, no soy el típico handy man, el que hace todo, ¿viste?, el que viene con las herramientas.

—O sea, se rompe un cuerito y no te llamo.

—No sé trabajar con enchufes. Te puedo cambiar una bombita de luz. Soy un gran jardinero. La pileta barrefondo. Regar, también. Todos los quehaceres de la casa. Soy un queso para arreglar mi auto: levanto el capot, lo miro y le digo: “¡Dale, monstruo, arranca solo!”. No tengo ni idea, no sé por dónde empujar. No tengo caja de herramientas. No sé arreglar cueritos, no sé arreglar enchufes. Para todo eso un no. Te puedo pintar una pared, eso sí. Pero no, todo lo otro no lo sé.

—Me gusta esta imagen: “Yo levanto el capot y lo miro y le digo que arranque solo”. Me lo imagino.

—(Risas) El tipo que no sabe… Le pasó a un amigo. Levanta el capot y le digo: “Boludo, pero si no sabés nada. ¿Para qué levantas el capot? Llamá a la grúa y decile que se te quedó el auto. Si no tenés ni idea. ¿Qué? ¿Justo va a haber un cable que sale así y dice: ‘Soy yo, el cable, enchúfame y seguimos’? Es imposible, boludo”. Además viste que los autos de ahora es como que tienen como una tapa, como que no se ve nada o se ve poco. Antes se veía mucho el motor. Lo levanto y le digo al chabón de la grúa: “Aprovechá que te llamé. Porque lo tengo pago al pedo, no te llamo nunca. Si una vez por año que te llamo vení, laburá…”.

—¿Qué pasa si pinchás una goma?

—Me quedo a vivir ahí. ¡Me muero! (Risas). No, una goma te la puedo cambiar. Los gatos, los crickets, vienen cada vez más buenos y más fáciles. Me ha pasado poco, pero lo sé hacer. Igual, también es cierto que un día venía de Pura química para Mejor de noche y reventé una goma y dejé la camioneta tirada ahí. Me tomé un taxi, me fui al programa y después volví a buscarla a la una de la mañana. La había dejado estacionada ahí, a un costado, y ya que venía la grúa aprovechamos y bueno, con la grúa cambiamos la goma. Un desastre.

—En casa son ustedes y los perros. ¿Cuántos tienen?

—El elenco estable son cuatro: Luisa, Rita, Gina y el galgo Simón que es uno de los más famosos porque es rescatado de carreras y fue el último en llegar a la casa.

—El elenco estable son cuatro pero, ¿cuántos llegaron a tener?

—Llegamos a tener cinco por dos días nada más porque lo rescatamos de la calle y finalmente apareció su papá humano. Le habíamos puesto Vito y se llamaba de otra manera. Pasó lo que pasa siempre: “¡Qué lindo, qué lindo!”, pero el perrito está en la calle hace tres horas y nadie se lo lleva. La compasión a medias. Nos lo llevamos, veterinario, todo, y apareció el chabón. Lo miré seriamente y le dije: “Escuchame una cosa, los perros no se pierden, amigo. Tenés que ser más responsable”. Yo amaría tener mi campo para convivir con mis vacas, chanchos, cabra, carpincho, patos o gallinas. Creo que voy a terminar viviendo esa vida, porque somos muy urbanos y por ahora acá, solo con perros, pero amo a todos los animales. Me gustaría tener, no tenerlos, ah, los quiero tener yo, pero sí por compartir con ellos. Enseñando emociones.

—Y ese campo lleno de animales, no de niños.

—No, niños no, no. Animales. Niños los amo y todo, pero no nos gustaría a nosotros ser padres así que…

—Sobrinos.

—Juego un rato con el tuyo si querés.

—El veganismo viene del lado de la responsabilidad y empatía con los animales.

—Somos conscientes a nivel de nuestra propia mirada, de nuestro propio ego. La alimentación del ser humano está vista solo en el placer y en la salud del ser humano, no está vista en la igualdad con otros seres vivos que merecen vivir tanto como uno. Imaginate que todas las vacas nos quisieran comer. Ese es el grado de ecuación que hay que poner en la balanza. Por eso uno se hace vegano: por amor a los animales. Tenemos que ser más empáticos. Nos podemos alimentar igual y por el mismo precio. Vamos a ayudar a cambiar el mundo. Lo estamos haciendo pelota con las inundaciones, la deforestación. Tiene que ver con cultivar el alimento que van a comer los animales para después matar a los animales y comer nosotros. Es una rueda un poco ridícula. Y es lo que se ha llegado a la conclusión de que el veganismo va a salvar al mundo.

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