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Love: Velvet, Costello, Norah Jones y una banda de sonido para enamorarse

Love, con Gillian Jacobs y Paul Rust, cuenta con una banda de sonido que marida muy bien con las historias de amor y desamor de la serie de Jud Appatow Crédito: Netflix

"¡De donde salieron todas esas mentiras sobre el amor escritas en libros, películas y canciones"! Gus (Paul Rust) grita eso mientras deja caer por la ventanilla de un Mercedes Benz vintage, cascado, su colección de discos blue ray. En su maldición omite decir "series" acaso porque está en una en la que, además, trabaja en el set de filmación de otra y porque la forma serie se ha tragado en los últimos diez años parte de las novelas, el cine y la música pop por igual. Pero acá el tema no es la metaficción sino el amor y en la serie de Netflix Love, el director Jud Appatow lo reescribe para los tiempos flamígeros del WhatsApp.

A lo largo de las tres temporadas de esta serie que hereda el tono de las sitcom de los 90 (Friends), un archivo musical con nervio indie le sirve como un filtro de Instagram para redefinir escenas de la vida amorosa entre Gus (un nerd que compone música para películas que no la tuvieron) y la díscola Mickey (Gillian Jacobs), suerte de diva clásica post grunge. Lo que sigue entonces son diez canciones de amor (y desamor) que suenan a lo largo de Love en orden cronológico.

"I'll Be Your Mirror" (The Velvet Underground & Nico, 1967). Love evita escrupulosamente el uso del videoclip encubierto que es común en las series. Si las canciones se dejan oír de fondo y fragmentadas a lo largo de los capítulos, es el final el que se reserva como un crepúsculo para darle protagonismo al sonido que congela y colecciona instantáneas de Gus y Mickey. Letra y música original se quedan con los títulos y completan el guion. "I'll Be Your Mirror" es una de las baladas que la modelo y actriz (no olvidar su cameo en La Dolce Vita, 1960) alemana Nico canta en el legendario debut de Velvet Underground. "Voy a ser tu espejo para reflejar lo que sos en el caso que no lo sepas/voy a ser el viento, la lluvia y el ocaso/la luz en la puerta que te muestra que estás en casa", le hizo cantar Lou Reed. La dicción mecánica de la chanteuse convierte la devoción del amante en un rito obsesivo. Acaso Nico le devolvía a Reed sus propias palabras pero este, envuelto en el ruido, fue sordo a su amor.

"Lover's Walk" (Elvis Costello, 1981). Prototipo del nerd en tiempos de punk-rock y new wave, el otro Elvis (que en realidad quería ser Buddy Holly) fue quien recogió el guante de la canción de amor post 77 para poner su firma en una genealogía que se remontaba a Cole Porter, Burt Bacharach y Paul McCartney (a quien Love incluye con un tema de Wings). "Lover's Walk" forma parte de Trust, uno de los mejores discos de Costello junto a su banda The Attractions. Basada en una percusión vibrante, es un alarido mordaz sostenido sobre una suerte de rumba minimalista, desnuda. Para el Guiness, debe ser la canción que dice más veces la palabra "lovers" en dos minutos y diecisiete segundos. Costello, que tiene algo de la neurosis de Woody Allen, parece querer advertirle al mundo sobre los sinsabores y peligros de los "senderos de los amantes".

"Laid" (James, 1993). Uno de los rescates del soundtrack de Love es este hit de James, perdido entre el rave and roll de Manchester y la emergencia del brit pop. Representa mucho de la estética indie o college (universitaria) que tiñe a la serie de noventosa aunque sea en absoluto ejercicio retro-nostálgico. Producida por Brian Eno para el álbum homónimo picó en los charts de Reino Unido, Australia (no olvidar que la roommate de Mickey es australiana) y las radios alternativas de Estados Unidos donde tuvieron que regrabarla para asegurarse la difusión. Así donde decía "Esta cama arde de amor apasionado/los vecinos de abajo se quejan de los ruidos/pero ella solo acaba cuando está arriba", quedó: "pero ella solo canta". Sí, era 1993 pero parecía 1966 cuando los Stones no podían cantar "Let's Spend the Night Together" en la televisión norteamericana. Love cita a James, también, como referencia sonora de la película American Pie (1999) que la relanzó con la letra original.

"Modern Romance" (Yeah Yeah Yeahs, 2003). Pura escuela de New York, el trío de Karen O está en la genealogía de ruidismo y melodía del primer álbum de Velvet Underground con el que comienza esta playlist. Punk avant garde que sigue la voz cristalina de la cantante con un pulso de mantra catatónico hasta el sutil cambio de tono que evita el estribillo-orgasmo pop: apenas una contracción ligera. El romance moderno no se consuma, pareciera querer decir la música de Yeah Yeah Yeahs en su álbum debut Fever to Tell. Es más, para Karen O, que lo canta con voz angélica, tal cosa ni siquiera existe.

"True Love Will Find You In The End" (Beck, 2004). El Beck de interiores, el que apareció con Sea Change (2002), es un invitado frecuente en el soundtrack de Love. Aún con rescates de coleccionista como es esta aparición suya en el álbum tributo The Late Great Daniel Johnston: discovered covered. Para interpretar a Johnston (una suerte de Tanguito del indie que murió en 2019), Beck se puso su mejor disfraz de Dylan. El folk singer posmoderno que aprendió a sacarse la ironía a los golpes para cantar sobre el amor verdadero. Aunque con Beck nunca se sabe, la impostura es siempre una tentación. El sonido lo fi de la guitarra y la armónica nos piden creerle: su plegaria, al menos la del desdichado Johnston, es, quiere ser, auténtica.

"You and I" (Wilco, 2009). Memorable el beso entre Mickey y Gus con esta canción preciosista de Wilco de fondo arrastrando a los protagonistas y a los espectadores al fundido en negro de los títulos en un remolino emotivo. En el sonido también se ha formado una pareja: Jeff Tweedy arranca solo con la guitarra acústica para luego hacer dueto con la cantautora canadiense Feist. De impronta harrisoniana, forma parte del álbum Wilco y es una joya de la canción pop como escritura amorosa. Suave, imperceptible, a las voces y la guitarra se le van sumando timbres, micro arreglos, toda una sinfonía en miniatura que culmina con ese "You and I", que se deja ir en una marea de guitarras pasadas al revés. "Vos y yo, podemos parecer extraños por más cerca que estemos a veces. Es como si nunca nos hubiéramos conocido pero vos y yo creo que podemos hacerlo. Todo lo bueno y lo malo, hacer con eso algo que nadie más tiene". Puro Love.

"I Like The Way This Is Going" (Eels, 2010). Mark Everett o Mr. E canta apenas acompañado por una guitarra eléctrica bajita esta canción que está en el meollo del soundtrack de Love. Parece un eslabón perdido entre el primer y el segundo álbum de Velvet Underground y tiene algo del Beck más folk que se escucha en el tributo a Daniel Johnston del que los Eels también toman parte. Más aún, los Eels son un emergente del rock alternativo de Los Ángeles de los 90, la ciudad donde Appatow reescribe el amor "no-romántico". Incluida en el álbum Tomorrow Morning es un susurro apenas lo que se escucha camino al sueño, antes de apagar la luz.

"Smoke Break" (Chance the Rapper, 2016). La columna vertebral indie se desvía hacia el hip hop con cameos que parten de A Tribe Called Quest (noventa) y llegan a expresiones contemporáneas del género como Chance the Rapper, aquí acompañado (lo que se dice un "feat") por Future, una de las revelaciones del rap de fines de la segunda década del siglo XXI. Envuelta en un murmullo narcótico de staccatos y golpes percusivos digitales, un imaginario futurista que sucede ahora mismo, tiene como fondo de pantalla las mismas ansiedades emotivas del blues y el soul: el amor y el dolor vienen juntos por default. Pero el sonido y las rimas nos instalan de un golpe en la época: "Mirábamos Netflix mientras armaba, yo le pasaba el cigarro, ella se reía de mis chistes". Chance the Rapper (Chicago, 1993) hace de McLuhan: es el medio, no la obra. ¿Cómo se escuchará este slow rap de separación dentro de treinta años?

"Carry On" (Norah Jones, 2016). En el otro extremo de la música negra, la pianista y cantante Norah Jones (1979) llegó al mundo para revitalizar el jazz desde una perspectiva clásica. "Carry On" es un blues que podría haberse escrito en 1945 pero la magia de la hija de Ravi Shankar reside en la atemporalidad de su interpretación. En Love no está puesta para buscar un efecto sepia sino para constatar que hay sentimientos que ninguna música puede expresar mejor. No es solo clásica sino constitutiva de una sensibilidad que, astillada, sobrevive.

"Learn To Let Go" (Kesha, 2017). De lo más mainstream que se puede escuchar en Love, Kesha es la clase de superstar que tiene a la música como parte de un arsenal multimedia: empresaria, actriz, activista LGBT, productora y compositora para otros artistas como Britney Spears. "Learn To Let Go" está incluida en Rainbow, cuya tapa parece salida de una obra de ciencia ficción bizarra. A fuerza de autotune y bases electrónicas, es una canción de autoafirmación post traumática. Si el amor falla hay que aprender a dejarlo ir, nos dice Kesha enredada en los loops de su propia voz sostenida a puro push electro-dance. Su hit "Tik Tok", escrito diez años antes de que se lanzara la red social china, sigue siendo el segundo single digital más vendido de la historia. Acaso haya que salir de la melancolía y seguirla en su estridente rutina.

Por: Fernando García

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