Economía

No hay construcción de un país sin un plan

Una obra colectiva implica la participación de todos en el futuro y así fue, con sus más y sus menos, la construcción de Europa. Una obra de “la política” y de los Estados. En la última presentación del ministro Guzmán de la realidad económica faltaron los de la oposición y el plan económico

Hacer política requiere una clara conceptualización de aquello que es necesario en el momento, la geografía y la condición social en que vivimos: un “ideal histórico concreto”. La negación de “la política” es la negación de la Nación y del Estado.

José Ortega y Gasset lo expresa con meridiana claridad “política es tener ideas claras de lo qué hacer desde el Estado para construir una Nación”. Para “construir un proyecto sugerente de vida en común”.

Los anarcos niegan el Estado y consecuentemente a la Nación. Hoy asistimos a una construcción periodística de un discurso esencialmente negativo. ¿Sin Nación y sin Estado qué sentido habría de tener “la política”? De la misma manera los “revolucionarios” que reemplazan la política por las armas, para fundir en una sola la Nación, el Estado y el Partido, aniquilan “la política”.

Los que ayer tiraban bombas, mataban policías, abrían las cárceles y predicaban el socialismo nacional hoy militan junto a los anarquistas del capitalismo concesionario construido sobre la base del saqueo del Estado y la corrupción de la política.

El político, además, debe ser pedagogo. La auténtica convocatoria política, no se hace en soledad. Es un camino colectivo. Es necesario que todos perciban que, hay que desbrozar en la ruta, los puentes a construir y la manera en que el futuro, una vez alcanzado o cuando estén disponibles sus señales, será distribuido. No antes.

La auténtica convocatoria política, no se hace en soledad. Es un camino colectivo

El pedagogo anuncia, prepara y enseña. La historia está plagada de esos políticos. Ejemplos sobran.

La realización de Europa. Una construcción. No fue obra del azar sino de una colosal conceptualización de lo necesario, un “ideal histórico concreto”, un diagnóstico del presente, sus carencias y potencialidades, una prefiguración de la marcha hacia un destino deseado. Un plan.

La realización de Europa. Una construcción. No fue obra del azar sino de una colosal conceptualización de lo necesario, un “ideal histórico concreto”, un diagnóstico del presente, sus carencias y potencialidades (Europa Press)
La realización de Europa. Una construcción. No fue obra del azar sino de una colosal conceptualización de lo necesario, un “ideal histórico concreto”, un diagnóstico del presente, sus carencias y potencialidades (Europa Press) (ALEXEY VITVITSKY / SPUTNIK / CON/)

No hay construcción sin Plan. Fue un camino difícil. Los que quedaban detrás por la velocidad de los primeros, tenían al “estado comunitario” que velaba por ellos y aseguraba el acortamiento progresivo de las distancias.

Europa fue la integración de Naciones y también la “integración en las naciones”.

Todos, con sus más y sus menos

Una obra colectiva implica la participación de todos en el futuro y así fue, con sus más y sus menos, la construcción de Europa. Una obra de “la política” y de los Estados.

En el inventario de nuestro pasado también, a pesar de enormes desencuentros, guerras civiles, encontramos el protagonismo de políticos de similar talante en términos de visión y compromiso con ella.

Y asociados a ellos largos años de prosperidad sólida, crecimiento económico, expansión cultural, y mejoras en las condiciones de vida de todas las clases sociales.

Todos esos tiempos fueron años de “planes”, de una Argentina pensada por hombres a la “altura de las ideas de su tiempo” que conocieron en profundidad la tierra propia, la amaban y estaban dispuestos a realizar sus sueños acerca de ella y vaya si lo hicieron.

Hoy estamos empantanados en una decadencia densa y abrumadora. Pero inexplicablemente eludimos la decadencia en toda discusión pública.

Hoy estamos empantanados en una decadencia densa y abrumadora. Pero inexplicablemente eludimos la decadencia en toda discusión pública

La hemos sustituido por una discusión de vuelo rasante acerca de las responsabilidades próxima en la cadena de errores. Discusiones superficiales. Infantiles. No ofrecen aquello que la política debe ofrecer. De ahí la desesperanza.

Todos sabemos que de lo que hablan “los políticos” no es “el problema del país” sino de cómo se cargan entre ellos las responsabilidades de este desastre.

Fuerte atraso relativo

¿Cuál es “el problema”? Entre 1975 y 2017 el PBI real en Estados Unidos se triplicó y la productividad creció 60%. En ese mismo período el PBI de la Argentina sólo se duplicó y la productividad, con un crecimiento poblacional de 18 millones de habitantes, más bien permaneció estancada.

En 2020 -luego de una caída descomunal del PBI, pandemia y cuarentena- el PBI por habitante resultó igual al de 1974, con el agravante que el número de personas bajo la línea de ingresos de la pobreza es igual al del crecimiento de la población desde 1974: una fábrica de pobreza solo es compatible con el estancamiento de la productividad. No lo dude.

El estancamiento de la productividad explica la decadencia, la pobreza, la destrucción del Estado, la fuga de los excedentes (blancos y negros) y lo peor “la fuga de la inteligencia” que es la ausencia de pensar y debatir el futuro.

Entre el tiempo de aquellos años de “planes”, de una Argentina pensada por hombres a la “altura de las ideas de su tiempo”, el espacio de la política y del poder, dirigencia de todos los estamentos, políticos, sindicales, empresariales, fueron y están ocupados por Bragadinos, alquimistas, embaucadores de fórmulas mágicas.

Discutir cómo no caer en default con el FMI es imprescindible. Pero la discusión no tiene sentido si no parte de cómo salir de la decadencia.

Discutir cómo no caer en default con el FMI es imprescindible. Pero la discusión no tiene sentido si no parte de cómo salir de la decadencia.

Esperamos el nacimiento de “la política”.

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