Espectáculo

Se formó actuando en las calles de Rosario y hoy brilla en Canta Conmigo Ahora: Alma Viva, la jurado preferida de Tinelli

Celeste Campos como Alma Viva en el backstage de Canta Conmigo Ahora. Fotos: Ramiro Souto

Los ojos del público estaban puestos en el regreso de Marcelo Tinelli a la televisión con Canta Conmigo Ahora. Un formato de origen británico, probado en el mundo y novedoso en la Argentina. Un panel de cien jurados, algunos de ellos muy mediáticos, otros con un recorrido más subterráneo, cada uno con su probado talento. En esa marquesina de luminarias y celebrities, bastaron unos pocos minutos para que Alma Viva se comprara al conductor y al público con su estirpe de artista de bodegón y un irrefrenable don para la comicidad. “Tuve fortuna, debe haber unos ángeles por ahí volando que dijeron ‘agarrala a esta piba que tiene cosas para decir’”, se confiesa la jurado a Teleshow, en un alto de las grabaciones del programa. Y si a la suerte hay que ayudarla, Alma hace mucho tiempo que viene haciendo fuerza.

Nacida en Rosario hace 40 años, criada en familia de artistas, Alma Viva llegó a Canta Conmigo Ahora como Cecilia Campos, el nombre que figura en su documento y con el que construyó su carrera casi desde que nació. Su primer contacto con la órbita de LaFlia lo tuvo en 2016, cuando protagonizó con Florencia Prada en Carlos Paz el infantil Zoo Ilógico, que le valió un premio Carlos y una muestra más de versatilidad para su foja de servicios. Con la hija del Chato Prada, histórico productor de Marcelo Tinelli, coincidió también en la docencia, otra de sus pasiones. Su nombre estaba dando vueltas por la productora, pero nunca la habían llamado para televisión. Hasta que un día sonó su teléfono y su vida empezaba a cambiar.

Cuando recibió el llamado para lo que iba a ser Canta Conmigo Ahora, acababa de terminar la temporada de verano en Stravaganza. Se empapó del formato, supo que iba a ser una más entre cien, y empezó a darle vueltas al asunto. Se lo contó a Flavio Mendoza, que le sugirió que fuera con alguno de sus personajes, una suerte de amparo y colchón para apoyar sus devoluciones. Y Celeste empezó a deshojar la margarita de sus criaturas. Descartó a Mafalda, una viejita chusma y bastante mal hablada para un show familiar; a Eugenia Porsalut, la profe de gimnasia que ya la acompaña en Stravaganza, y escuchó el consejo clave: “Tenés que ir con Alma Viva, que es cantante. Alma Viva se lo merece”.

Como un homenaje a uno de sus álter ego, la noche del debut Celeste se enfundó en un vestido rojo, se puso la peluca y salió dispuesta a ganarse su lugar desde el principio. Se encontró con un inquieto Marcelo Tinelli, trepado a las escalinatas del jurado. Le dio la mano y jugó fuerte cuando le llegó el turno. “Sacate los anteojos, papá”, le espetó con voz arrabalera y desenfado pasional a un participante que entendió el juego de inmediato y le devolvió la pared con una sonrisa. “Alma le dijo lo que sentía en la piel. Y si yo logro que esa persona por un momento se sienta mimado, abrazado, contenido, ya está. Yo ya gané”, dice con humildad.

Con su ojo entrenado para captar todos los detalles, Tinelli reparó en su personaje y empezó a darle cada vez más letra a ese personaje indescifrable, a veces la piropeadora más lanzada, en otras, un manojo de ternura. “Ese día que Marcelo me agarró, llamé a mi marido y le dije ‘amor, hoy Alma Viva se empieza a hacer famosa’”, cuenta Celeste y los hechos le dan la razón. Desde un sector periférico del panel pasó a ocupar la fila central, entre Manuel Wirtz y Alejandro Paker y sus opiniones se volvieron de las más celebradas por el conductor. “A partir de ahí se estableció un juego con Marcelo y la gente está esperando con qué va a salir Alma Viva”, analiza. ¿Pero quién es esa chica?

Alma Viva Canta Conmigo Ahora
Antes y después de ser Alma Viva, Celeste Campos disfruta cada segundo de su estadía en los estudios de Don Torcuato

Para conocer a Alma Viva hay que entender de dónde viene Celeste. Y para ello, hay que remontarse a su infancia en Rosario, cuando la hija de Norberto Campos y Gladys Temporelli, dos referentes del teatro local, quería ser veterinaria. “Mis viejos me miraban y se cagaban de risa”, cuenta a la distancia, con la licencia del tiempo transcurrido. En sus palabras no hay resignación ni frustración, simplemente entender la realidad en la que estaba : “No tenía mucha posibilidad de elegir porque el cuerpo me llevaba a la Escuela Provincial de Teatro y Títeres que quedaba a la vuelta de mi casa”, recuerda. Las vueltas de la vida hicieron que su padre se convierta en director de esa escuela, que le diera un tinte oficial a la carrera de teatro en la ciudad y que hoy la Comedia Musical lleve su nombre. “En Rosario soy la hija de Norberto”, cuenta con orgullo y gratitud para el padre que ya no está.

Mientras todavía soñaba con ser veterinaria, Celeste se encontró a sus ocho años armando su primer títere con engrudo y viendo a sus padres en los actos escolares. Y si en su adolescencia la rebeldía la llevó por los caminos lógicas de la vergüenza, enseguida entendió por la del orgullo por esos padres que llevaban la actuación como una escuela de vida. “Tampoco había tanta opción, no había guita y había que hacer la técnica para hacer una moneda”, recuerda, y en su memoria aparecen las horas de cinta rebobinadas a birome.

En otro abrir y cerrar de ojos, Celeste se encontró preparando el texto de su primera obra de teatro: “Hice el papel de El principito, ya de chica hacía transformismo. Y de ahí no paré nunca más”, dice con guiño bromista. El humor fue su válvula de escape y hoy lo proyecta como su legado: “Alguien dijo una vez que hacer reír a la gente es dar servicio. Yo también he pasado mi infierno y ahora a mis 40 estoy más calma”, reconoce.

Viviendo con Alma. “Vos pensá que empecé mi oficio de muy nenita hasta y a los 19 ya estaba laburando con strippers, transformistas, chicas trans, tengo mucha pisada en la noche, conozco mucho el paño”, cuenta la actriz para desandar el camino que la va a llevar al personaje. A finales de los ‘90, con dos amigas formaban un grupo de clown callejero en la peatonal de Rosario. Una noche, la dueña de un boliche se acercó para ofrecerles actuar en su local. Una de ellas no podía, la otra no quería y ella aceptó y propuso un unipersonal. Era de un viernes para el otro y hasta el día de hoy Celeste se sorprende por su arrojo “¿De dónde saqué que en una semana iba a tener un unipersonal? Así fueron surgiendo Alma Viva, Mafalda, Eugenia Porsalut y los personajes que tengo en la galera”, explica.

La bohemia rosarina fue el escenario en el que crecieron estas criaturas. Por caso, Alma tiene su inspiración en una cantante de cantina que Celeste veía con su grupo de atorrantes -la definición corre por cuenta de ella-, compañeros de comedia musical, atentos a la efervescencia cultural de los sótanos de la ciudad. Se hicieron fans de esa artista intuitiva y visceral, lookeada con un chupín nevado, una campera cortita, el pelo alucinante, y que cada vez que cantaba les tocaba la frente como una bendición.

“Era tan teatral lo que sucedía que con Alma Viva traigo a esa cantante. Pienso qué pediría en el catering, qué cantaría en un karaoke. Al personaje primero hay que delinearlo y después rellenarlo con cositas. Es como pintar un cuadro”, dice Celeste y acepta el juego de explicar su propia obra: “Es una cantante de cantina y sabe mucho de espectáculo, entonces puede ser protagonista o espectadora. Es pura piel, es pasión y se emociona, pasa de la risa al llanto. Es muy de la comunión, le gusta estar rodeada de actores, de cantantes, de bailarines. Es un alma que está viva”.

Celeste Campos tarda unas dos horas en convertirse en Alma Viva, una de las cien jurados de Canta Conmigo Ahora (Fotos: Ramiro Souto)
Celeste Campos tarda unas dos horas en convertirse en Alma Viva, una de las cien jurados de Canta Conmigo Ahora (Fotos: Ramiro Souto)

Con esta carta de presentación, no hay mejor lugar para ella que la carpa camarín de los jurados, ese desfile incesante de talentos de todos los colores, estilos y con buena vibra. “Es un momento alucinante, nuestro gran camarín”, resume sobre ese espíritu circense que se vive jornada a jornada en los estudios de Pol-ka en Don Torcuato donde se graban los programas. Allí, Celeste tarda unas dos horas en convertirse en Alma Viva y mientras se lookea, desde el espejo pispea a alguien tocar el piano, a otro cantar un vals, a otra recitar un tango y quizás cuando termina alguien está esperando para sacarla a bailar. Así se vive la previa hasta que llega la orden para ir al estudio a empezar el show. “Yo no lo siento como un laburo. Quizás está mal que lo diga, pero lo siento como un infinito placer y un gran aprendizaje”, admite.

A pesar de su experiencia en las tablas, Celeste no deja de sorprenderse cuando a su lado se maquillan artistas como Susan Ferrer o Nati Cociuffo. “Acá hay gente muy grossa, es un intercambio alucinante”, señala antes de trepar a la tribuna del jurado y ver que a su derecha tiene a Manuel Wirtz y a la izquierda a Alejandro Paker. Y abajito nomás ve al Puma Rodríguez y un poco más allá, al Bahiano. Y que en medio de esa batea de luminarias, está lista para que en cualquier momento los focos del estudio se pose sobre ella. Y recibirá el pie de Marcelo Tinelli en busca del paso comedia que supo construir.

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