Economía

Una mayor cantidad de dinero en circulación es el condimento necesario para la reactivación

La autoridad monetaria lleva a cabo una política más flexible que el gobierno anterior (Reuters) (Enrique Marcarian/)

La política económica apuntó a poner plata en los bolsillos de las clases de menores recursos con la tarjeta Alimentar, sumas fijas, mayores incrementos en las jubilaciones mínimas, y otras medidas que en un entorno de caída de inflación y menores tasas nominales -pero positivas en términos reales- se espera vayan llevando hacia mayor demanda de préstamos.

Y es en esta dirección, que creemos importante, remarcar que se verifican en el mes algunos datos alentadores en materia crediticia. De hecho, entendemos que el menor spread en 16 meses entre tasas pasivas y la tasa de Leliqs, incentiva al Sistema Financiero a buscar aplicaciones de fondos más rentables.

El menor spread en 16 meses entre tasas pasivas y la tasa de Leliqs, incentiva al sistema financiero a buscar aplicaciones de fondos más rentables

Ya hay incluso algunas señales positivas en la dinámica de los créditos personales, que están creciendo a un ritmo del 1%, en oposición a caídas del 0.4% mensual en los anteriores 9 meses. En el crédito comercial también se vio un sesgo expansivo en febrero. Un punto que también sería anticipatorio de alguna recuperación de la actividad, que deberá chequearse con la recaudación de febrero (a conocerse en las próximas horas).

En síntesis, entendemos que es la aplicación combinada de una política fiscal y monetaria expansiva, lo que permite que se comiencen a mostrar indicios positivos, con alta probabilidad de impulsar una recuperación de la demanda interna en los próximos meses.

No hay dudas de que uno de los temas de la transición fue de orden monetario; o dicho de otra manera, como pasar de un esquema de base monetaria casi rígida y creciendo al 9% interanual hasta octubre de 2019, a un ritmo de 38% interanual en febrero bajo la conducción de Miguel Pesce en el Central.

Se pasó de un esquema de base monetaria casi rígida y creciendo al 9% interanual hasta octubre de 2019, a un ritmo de 38% interanual en febrero bajo la conducción de Miguel Pesce en el Central (Bloomberg)
Se pasó de un esquema de base monetaria casi rígida y creciendo al 9% interanual hasta octubre de 2019, a un ritmo de 38% interanual en febrero bajo la conducción de Miguel Pesce en el Central (Bloomberg) (Maria Amasanti/)

En esa transición, entendemos que las nuevas autoridades “pensaron” una fuerte emisión inicial definida como normalización de la cantidad de dinero -tras el virtual congelamiento de la base monetaria que operó desde febrero del año pasado-, para luego acomodarla a la evolución de la demanda que ocurre en el primer trimestre del año.

Así tras la “normalización y fuerte emisión”, en enero y febrero se verificó otra dinámica dada por la menor demanda de base monetaria. En este período hubo una menor emisión bruta, que alcanzó $205 mil millones, pero que no terminó en el mercado ante la mayor absorción por $213 mil millones.

Analizada desde esta visión conjunta, de los últimos meses divididos en dos subperíodos, creemos que podemos ver una película más completa. Incluso entendiendo que, hacia delante, esto debiera llevar al BCRA hacia una menor emisión bruta (por factores fiscales, esencialmente), debido a que la demanda de dinero en los próximos meses aún sería débil.

Lo importante: la conclusión de estos cuatro meses

Pero lo relevante de estos últimos meses, donde en términos nominales la base monetaria pasó de crecer al 9% interanual en noviembre para pasar hacerlo al 38% en febrero, es que lo hizo sin “mayores efectos en el corto plazo” sobre la inflación, o el tipo de cambio.

Por ende, la emisión (bajo ciertas circunstancias y restricciones.-cepo hard-) llevó a una baja de las tasas nominales y reales de interés, que permitió mejorar en términos reales la BM, como ingrediente necesario para posibilitar alguna recuperación económica de corto plazo.

La emisión (bajo ciertas circunstancias y restricciones.-cepo hard-) llevó a una baja de las tasas nominales y reales de interés, que permitió mejorar en términos reales la BM, como ingrediente necesario para posibilitar alguna recuperación económica de corto plazo

En esa idea, podemos analizar que la mejora de la base monetaria real del 2016-2017 “regó” la recuperación del 2017 (PBI 2,8%). Recuperación, no obstante, que fue luego cortada por la crisis de cuenta corriente de balanza de pagos, llevando a una nueva caída de la economía real (y un piso en el tercer trimestre de 2019).

Ahora bien, la base monetaria real registró una fuerte mejora tras un piso registrado en el tercer trimestre de 2019. Todas las mejoras de la demanda interna conllevan a una mayor demanda de dinero real. El BCRA “así” se prepararía para dicho evento.

El autor es economista de PPI, Portfolio Personal Investment

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